sábado, 19 de enero de 2019

¡Música maestro!

Banda Tlayacapan, Morelos
Por Alejandro C. Manjarrez
Cuentan que el presidente Benito Juárez García se preocupó al escuchar de uno de sus colaboradores cómo el ejército invasor era motivado con la música que le acompañaba en las batallas. De inmediato ordenó que las bandas de viento formaran parte de la tropa. El entonces presidente itinerante supuso que con los acordes vernáculos podría incentivarse el espíritu guerrero de los soldados del pueblo. Y así ocurrió.
A mediados del siglo xix aparecieron este tipo de grupos musicales. Su nacimiento ocurrió en el seno de las comunidades de México. Una de las razones fue, precisamente, la respuesta táctica a la estrategia marcial de los militares de origen francés y austriaco.

Benito Juárez y Porfirio Díaz se convirtieron así en los autores de aquella iniciativa que dio vida a las bandas de viento. El venturoso suceso aconteció en Oaxaca, la tierra que atestiguó cómo la unidad y el sentimiento patrio de sus músicos dio a México una de las expresiones en cuyos acordes se percibe la cultura que expresa amor, tristeza, leyendas, tradiciones, sufrimiento, historia, entusiasmo y unidad popular. La voz del pueblo pues.
https://youtu.be/Pv4ExpnHc5w
alemandelaro@gmail.com
@replicaalex

martes, 1 de enero de 2019

Final del morenovallismo

Inicia una nueva obra

La obra humana más bella es la de ser útil al prójimo
Sófocles

Por Alejandro C. Manjarrez
Me ha sido difícil entender las razones de la terrible coincidencia trágica que acabó con la vida del senador Rafael Moreno Valle, la gobernadora Martha Erika Alonso y tres personas más. Con cierta congoja imagino los segundos previos al accidente: qué dijeron; cómo fueron los gritos; qué pasó por la cabeza de los pasajeros; qué frases se articularon entre el capitán y su copiloto; qué mensaje tenían las miradas finales del matrimonio Moreno Valle y cómo recorrieron la película de su vida; y si existió, cuál fue la última orden mental que el líder pudo haber enviado a sus cercanísimos colaboradores. Sófocles rondó en mis disquisiciones hasta que volví a la realidad y me pregunté:
Cuáles fueron los valores que acopió Rafael…
Por qué el éxito político marcó su discutida vida pública…
Según mis observaciones sobre el quehacer político del controvertido ex gobernador, la respuesta se conforma con varias facetas. Las resumo:
Rafael nació con una enfermedad que ponía en riesgo su vida. Tuvieron que operarlo a corazón abierto y su larga recuperación incluyó los cuidados intensivos y amorosos de sus padres. Éstos hacían lo que el entonces niño quería. Fue sin lugar a dudas la etapa que modeló su voluntad. El éxito en aquellos caprichos infantiles pudieron haberle mostrado la forma de lograr sus objetivos.
La experiencia infantil y familiar lo hizo un hombre de carácter fuerte. Aprendió a mandar y hacerse escuchar. Desarrolló la habilidad de reconocer las debilidades de sus interlocutores y adversarios para, sin miramientos ni concesiones, aprovecharse de ellas. Así, tatuado del alma, ingresó a la etapa de preparación política y financiera.
Boston fue la sede de ese entrenamiento profesional. Sus maestros y el medio ambiente académico le mostraron cómo la heterodoxia política y financiera ayuda a lograr objetivos importantes. De ahí su facilidad para cooptar antagonistas, muchos de ellos delincuentes políticos en potencia. Por eso, por sus éxitos electorales, varios de los adversarios de Rafael se adicionaron a su proyecto sin importarles traicionar al partido que los había proyectado. Y no fueron pocos los que cayeron bajo el influjo del poder político y económico de Moreno Valle.
En aquella formación académica apegada al llamémosle libre mercado, aprendió a prescindir de los sentimientos. Para él todo tenía un valor económico. Sólo había que encontrar la forma de la calcularlo y hacer la oferta adecuada acompañándola de su encanto político. La ética solía quedar supeditada a los valores del mercado.
La ambición marcó su vida pública. Esta actitud ajena a los prejuicios personales le permitió eliminar obstáculos, incluso —valiéndose de su investidura y poder— modificando o tergiversando la ley con la participación de los servidores públicos que le debían el cargo, entre ellos diputados locales y magistrados. La intención: preparar su camino hacia la candidatura presidencial.
En la lucha por alcanzar sus objetivos personales hizo de lado los sentimientos. Dejó constancia de que su desapego hacia los valores humanos era uno de los ejes del sistema político estatal rediseñado por él. Su benevolencia se centró en quienes le obedecieron sin rechistar u opinar. El resto fue prescindible, igual que los valores humanos que hacen del gobernante un ser con sentimientos nobles tanto por su vocación de justicia como por su preocupación social.
Hizo gala de una sui generis visión política. Investigó y hurgó en las debilidades de gobernantes y funcionarios. A partir de ello ofreció desde prebendas hasta negocios muy atractivos para quienes estaban relacionados con el poder presidencial y, desde luego, con el dinero público o las decisiones políticas estratégicas. Al parecer hubo muchos que cayeron bajo el influjo de esa su capacidad de seducción.
Sin reparar en la ética pública, Moreno Valle construyó su liderazgo nacional. En algunos casos trastocó el ideario y en otros alteró el programa ideológico del Partido Acción Nacional. Convenció a varios de los dirigentes que lo escucharon arrobados como si su voz reprodujera el canto de las sirenas. Indujo con éxito los procesos internos de ese partido hasta convertirse en el poder tras el trono nacional.
Para lograr esos y otros objetivos Rafael hizo gala del pragmatismo que suele ser condición sine qua  non de los hombres y mujeres que buscan la ruta fácil hacia la obtención del poder. Fue algo parecido a un maestro en esa praxis. Su experiencia pudo haberla obtenido de otros expertos en la materia, entre ellos la profesora Elba Esther Gordillo Morales, por ejemplo. Con esa cualidad mimética incursionó en diversas ideologías políticas y atrajo para sí la simpatía de dirigentes cuyo precio llevaba la etiqueta de la preservación del poder.
Para ejercer esa capacidad de seducción basada, como ya se dijo, en la repartición de prebendas, contó con lo que algunos llaman suerte, otros intuición y los menos prudentes oportunismo.
Así fue como Rafael Moreno Valle Rosas creó sus propios escenarios, modeló a sus colaboradores, supo cómo administrar su proyecto personal, descubrió los vericuetos de las políticas públicas, visualizó el quehacer público nacional, convenció a los llamados adversarios y escaló con incontrovertible éxito los peldaños de la política mexicana. En ese trayecto harto complejo que él logró dominar, nunca imaginó (y nadie lo hizo) que el destino le tenía preparada una muerte espectacular, precisamente antes de ingresar al infierno que parecía preparado por los miles de agraviados, muchos de ellos ahora con el sello de Morena. En ese escenario estaba su esposa Martha Erika Alonso, para el que esto escribe una más de las victimas de la heterodoxia política de su marido.
¿Y los huérfanos políticos?, se preguntará el lector.
Ese es otro de los temas a analizar dejado por el terrible accidente aeronáutico. Por ahora, cual plañideros, varios de ellos parecen más que dispuestos a sacar algún provecho de la trágica e inesperada muerte del matrimonio Moreno Valle-Alonso, que guardar el luto obligado por ser producto del morenovallismo.
Veinte años después de que Rafael arribó a la vida pública de la entidad, el absurdo accidente del helicóptero disipó los nubarrones negros que se cernían sobre el estado. Y hoy que inicia el 2019, Puebla ingresa a una nueva etapa cargada de buenos augurios. Por esa razón me atrevo a pronosticar que usted, amable lector, podrá enterarse de cosas distintas, y nosotros, los periodistas, contarle historias que por novedosas seguramente serán más interesantes.
¡Feliz año valedores!

@replicaalex

sábado, 24 de noviembre de 2018

Claudia Rivera de Puebla

Imagen de ladobe.com.mx
El periodismo es libre o es una farsa.
Rodolfo Walsh

Desde su primer día de gobierno, Rafael Moreno Valle Rosas mostró su interés para cambiar lo que él pudo haber visto como el estereotipo rústico de la provincia mexicana. De ahí su interés por maquillar a la capital y vestir de lujo al estado dotándolos de una obra pública que pretendió ser vanguardista. Lo malo es que semejante inversión y su esquema empresarial contrastó con la pobreza de la entidad empujándola hacia la lamentable posición estadística que hoy ocupa en las áreas de pobreza e inseguridad.
La prensa también formó parte de esas contradicciones politicas. Se la consideró pastoril, pueblerina y por ende estorbosa, rebasada e inservible: no encajó con el “alto perfil” del titular del poder Ejecutivo. Resultó incómoda y molesta en virtud de su apertura y libertad para actuar, al principio obligada por el trato, a veces ofensivo, y después entusiasmada por haber “descubierto” el papel crítico que aplauden los lectores.
Este es pues un tema amplio e interesante debido a las sombras que originan un alto contraste constituido por la opacidad del gobierno y la luminosidad de la prensa estatal libre. Dejaron de ser anecdóticos los ataques menores o graves depende en cuál espacio del poder se hayan concebido para formar parte de la vergüenza nacional. Lo bueno es que al final del día el estilo de los dos últimos titulares del poder Ejecutivo de Puebla (uno mucho más inteligente que el otro) superó al de los gobernantes que hoy forman parte de las páginas negras de la historia poblana.
Escribió el periodista y escritor Arcadi Espada: “El periodismo nació de la sociedad para controlar al poder. Y ahora el poder maneja al periodismo para controlar a la sociedad”. Cuando lo dijo las redes sociales empezaban a conformarse como lo que hoy son: el contrapeso del poder político. Quien no percibió este fenómeno fue porque la soberbia le obnubiló su raciocinio o debido a que le faltó inteligencia para entender que el periodismo empezaba a librarse de la hegemonía del poder. Esto —subrayo— gracias a las redes sociales.
Mencioné al ex gobernador Moreno Valle porque él, sin habérselo propuesto, fue el impulsor de la nueva prensa poblana formada por los periodistas críticos cuyo criterio discrepa con el trabajo de los periodistas modelados por los “cañonazos” de dinero procedente de las arcas públicas. Con su menosprecio hacia la prensa, Rafael sacudió conciencias y puyó dignidades hasta lograr lo que parecía imposible: fomentar la libertad y la capacidad analítica del periodismo poblano.
Curiosamente el estilo aquel modeló a ciertos comunicadores que desde su origen académico buscaron ocupar espacios de dirección en las áreas de comunicación social gubernamentales. Buscaron la preparación no para ser mejores seres humanos sino con el deseo de venderse a los gobernantes como lo ultra del mercado laboral. La paradoja es que en varios casos cometieron el error parvulario que, por ejemplo, dio fama nacional a Victorino Álvarez García, uno de los alcaldes peor calificados de México, tanto que tuvo que dejar Puebla y refugiarse en alguno de los más alejados rincones del Caribe. La razón: su comunicador le vendió la idea de dejar que los periodistas lo criticaran: “No los peles —le dijo—, entre más te golpeen mas fuerte e invulnerable te hacen. —Y agregó parafraseando a Porfirio Díaz—: Esos pollos quieren más máis”. El famoso Vitin le hizo caso y su fama pública quedó como palo de gallinero.
Según lo publicado por varios medios y distintos articulistas o columnistas, en esas anda Claudia Rivera Vivanco, la ínclita alcaldesa de Puebla Capital. La “modernización” en el manejo de su imagen parece incluir aquella “estrategia” que puso en acción el comunicador de Álvarez García. Como en los tiempos del ex mandatario hoy coordinador de la fracción panista del Senado de la República, el estilo de gobernanza adoptado por Claudia aparenta incluir el menosprecio a la prensa local.
El impacto del voto morenista que hizo triunfadores a muchos de sus candidatos, muestra que éstos sólo son beneficiarios del fenómeno López Obrador. Es algo que al parecer soslayan los asesores o empleados de la alcaldesa poblana. Me refiero a quienes creen que Claudia está protegida por la panoplia formada con su propio carisma más el apoyo o simpatía del “pueblo sabio”. Y que gracias a ese súper escudo, las críticas y los señalamientos le harán lo que el viento a Juárez. Craso error.
No hay duda. La presidenta municipal es una ciudadana suertuda. Esto porque de sus limitados espacios de gestión social que le permitieron relacionarse con el proyecto de Morena, brincó al gran escenario donde los errores se magnifican y las cualidades se minimizan. Luego entonces le está prohibido darse el lujo de repetir los errores de quienes viven asediados por la mala fama pública, en algunos casos debido al lastre que formó el consejo de sus allegados y, en otros, por causa de la tara llamada arrogancia, actitud ésta que vulnera a quienes se sienten paridos por los dioses del Olimpo. Sobran los ejemplos.
Por el bien de los habitantes de la capital del estado de Puebla, ojalá que tanto en el entorno burocrático de la presidenta municipal como en su propio actuar, se manifiesten los efectos de la inteligencia del servidor público que lee, dialoga, consensa, se prepara, rectifica y suma voluntades para evitar los errores del pasado. Se lo agradecería Andrés Manuel López Obrador y (seamos optimistas) validaría lo que éste representa: el cambio basado en la participación y opinión de los distintos sectores de la sociedad, incluida la prensa desde luego.

@replicaalex

martes, 20 de noviembre de 2018

Gilberto Bosques, Justo entre las naciones



Este es el pensamiento de Gilberto Bosques Saldivar*, ideas plasmadas en dos documentos, el primero correspondiente al 70 aniversario de la Constitución de Puebla, y el segundo refiriéndose a la condición de la política en los años finales del siglo xx y su proyección al xxi, opinión vertida durante la entrevista que publicó La Jornada, cuando Bosques cumplía 100 años de edad:

Mis compañeros de la legislatura Constituyente de 1917 me han conferido el honroso encargo de hablar en su nombre desde esta misma tribuna que ocupamos —hace ya medio siglo— para discutir libremente y con gallardo gesto juvenil el articulado de la que había de ser la Constitución Política del Estado de Puebla.
Trataré de encontrar la expresión que traduzca el pensamiento erguido y el ánimo cordial que alientan en este reducido grupo de supervivientes de aquella asamblea legisladora. Primero queremos ofrecer nuestro homenaje a los compañeros de entonces que han muerto en el transcurso de los últimos cincuenta años; el homenaje de nuestro recuerdo de siempre y en el acto conmemorativo de este día. Con entera convicción decimos, en honor suyo, que supieron cumplir el mandato electoral del pueblo; que ocuparon con dignidad responsable esos escaños y estas tribunas; que su palabra y su  voto se elevaron al nivel de riguroso compromiso con la voluntad expresa del pueblo, y que llegaron con nosotros al primer juramento de la nueva Constitución teniendo en el corazón y en la conciencia la  lealtad y el cariño a la patria, que —como decía Martí— ‘Sólo tiene comparación, por lo que sujetan cuando prenden y por lo que desgarran cuando se arrancan a las raíces de los arboles’. Para ellos nuestra reverencia espiritual en el recuerdo.
Se ha dicho que los legisladores poblanos de 1917 comprendimos como una cuestión de honor, la tarea que el pueblo nos había confiado. Las asambleas constituyentes tienen la misión histórica —cuando son consecuencia lógica de una autentica revolución interna— de dar bases jurídicas al orden social postulado por el pueblo triunfante. Esta fue la misión del Congreso Constituyente de Querétaro.
Y con la doctrina, los principios y las bases jurídicas de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos del 5 de febrero de 1917, trabajamos en este recinto para dar a nuestro estado federativo su Carta constitucional.
Sabíamos que en aquel año, México daba al mundo la primera constitución político–social. Vendría un año después la declaración rusa de los Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado; al año siguiente, la Constitución alemana de Weimar; más tarde, en 1931, la Constitución Republicana española; en 1936, la Constitución rusa;  en 1940 la Constitución cubana, en 1945, la Constitución guatemalteca; en 1946, las constituciones francesa, panameña, y la primera haitiana; en 1947, la Constitución venezolana;  en 1948, la Constitución italiana; en 1949, las constituciones argentina y costarricense; en 1950, la Constitución salvadoreña; en 1955, las constituciones dominicana y segunda haitiana; etcétera. Algunas de estas Cartas, de bien definido carácter político-social, han sido derogadas, suplantadas y hasta olvidadas por la acción de regímenes bastardos.
En 1917 llegamos hasta aquí como representantes populares, viniendo de la sierra, de los valles y de los llanos, de la ciudad y de la aldea, del trabajo modesto y de la cátedra y, sobre todo, viniendo de la revolución misma, de las filas combatientes, de los parajes de lucha con visibles testimonios de fuego, de plomo y de sangre. Y por ello nos fue dado el privilegio de conocer la instancia del destino patrio en la voluntad del pueblo Y tratamos de pensar ese destino y de servirle.
Aquel deber de pensamiento y de servicio nos esclareció el fenómeno social del derecho de las masas, fenómeno que después de la conflagración de 1914-1918 aparecería como consecuencia social de una guerra de masas. La Revolución Mexicana y la Primera Guerra Mundial pusieron en marcha una onda corriente de transformaciones sociales que sería fuente de las revoluciones populares de este siglo. Y en nuestra América, José Carlos Mariátegui pudo exclamar: ‘La verdad de nuestra época es la revolución’. Y Julio Romains pudo decir: ‘Ahora la democracia consiste en que todos los hombres formen parte del pueblo’. Y pensadores de alta autoridad han llegado a la conclusión certera de que una nación es más un hecho social que un hecho jurídico.  Y se dice ya que el fin último del derecho es la justicia social.
¿Cuál es la perspectiva ante este horizonte de auroras? Nuestra Revolución es un proceso que no ha terminado. En cincuenta años de Constitución y de leyes sociales, el problema agrario está en pie. Y otros problemas capitales se erizan de urgencias. México, en horas sombrías y en vientos de borrasca y huracán, encuentra siempre su camino, se yergue y sale al fulgor de sus resurgimientos, al patetismo hermoso de sus heroísmos históricos. Empuñaremos todos la bandera de las afirmaciones fundamentales. México ha sido siempre una afirmación ante el mundo.  Y nunca como en esta hora del mundo ha sido tan necesaria la reivindicación de sus grandes afirmaciones revolucionarias. Que la juventud del régimen revolucionario, en su totalidad nacional, y la juventud mexicana, toda la juventud mexicana, enarbolen con brazo y voz fuerte la verdad de nuestro tiempo, y asuman la responsabilidad de impedir que la revolución deje de ser corriente en cauce para ser estatua y aniversario, que deje de ser imperativo para ser recuerdo engalanado, que deje de ser pasión para ser desencanto, que deje de ser crisol de voluntades para ser un frío depósito de viejos laureles.
Hoy como ayer, nos duele la miseria del campesino, la ignorancia del pueblo, el opresor silencio del pueblo, la angustia del pueblo y la suspirada esperanza del pueblo. Y nos duele pensar que los dolores hondos de la masa son, a la corta o a la larga, magna germinal de justas rebeldías.
Nuestro deber es con la Revolución.
Nuestra deuda es con la Revolución.
Revolución profunda y patria plena. En la Revolución Francesa del 79 se definió el patriotismo como la defensa de una tierra que, por primera vez, siente el pueblo como enteramente suya. Que sea nuestra Patria, toda entera.

Entrevista realizada el 20 de julio de 1992, por Pablo Espinoza para La Jornada:
Nuestro siglo ha sido el siglo de las Revoluciones. Revoluciones de bandera alta bien desplegada. Un pensamiento que caminó a lo largo del siglo xx con sus componentes que han derivado para cerrar el siglo en algo que considero una verdadera desgracia: hacia una constitución de orden técnico.
Este final de siglo es el de los técnicos y de los mercaderes. Final triste para un siglo. Porque en principio el técnico es un mutilado de la inteligencia…
Este siglo se queda con una penuria de grandes filósofos ¿en donde están?, como no hay tiempo ya los grandes estadistas, los grandes líderes también se acabaron. Se acabaron con Clemenceau y De Gaulle.
Yo creo que mientras dure este siglo de la historia del hombre, tiempo técnico, mercantil, es la oscuridad en que se termina este siglo. Ya Malraux había dicho que vamos a llegar al siglo de la oscuridad, que será el siglo xxi, porque sus raíces son estas: es triste que nuestros países se hayan reducido a ser dirigidos por los técnicos y los mercaderes y ahora todo es economía de mercado y todo es empresa y mercado.
Ha habido otros tiempos en que ha florecido el pensamiento, en que el hombre se ha integrado en necesidades de alimentación y de inteligencia y de justicia social. Ahora todo está deshumanizado. Las cosas de ahora están fuera de los tiempos del Hombre, de los seres humanos. Es cruel el régimen: de explotación, de presión, de injusticia social hacia las grandes mayorías, hacia el componente mayor del planeta. Esta es la realidad que estamos viviendo. Es triste pensar que estamos viviendo estas antesalas de un siglo de oscuridad.


*Se permite su reproducción siempre y cuando se cite la fuente