domingo, 16 de septiembre de 2018

La luz del progreso


Por Alejandro C. Manjarrez
Desde que Alberto Santa Fe y Manuel Serdán Guanes publicaron la Ley de Pueblo[1], ambos sabían que el incipiente gobierno porfirista haría algo para reprimirlos. “Se van a encabronar…”, le dijo Manuel a su amigo Alberto. Éste estuvo de acuerdo y advirtió a Manuel que para protegerse era necesario crear lo que más tarde llamarían su panoplia política:
—Mira Manolo —puntualizó Santa Fe—,  lanzaremos la proclama después de convencer a varios amigos y simpatizantes para que, justo al otro día de publicada, protesten contra la explotación del campesino y apoyen el reparto de tierras que vamos a proponer. Con ello conseguiremos tener muchos aliados que nos protejan. Obligaremos al gobierno corrupto a que lo piense dos veces antes de hacernos daño. No hay que olvidar que los mártires estorban al poderoso.
—Nuestro problema es que no sabemos a quién le tocará gobernar mañana. Si a Pacheco, o a Bonilla, o a León. El peligro está detrás del gobernante, el que sea. Será parte del sistema viciado y ultrajante que ofende la dignidad humana. En ese medio abundan los expertos en la lisonja y la manipulación, tipos que por quedar bien son capaces de cualquier cosa. Tú lo sabes, Alberto: nosotros seremos su objetivo, tal vez el principal…
—Por eso necesitamos el apoyo del pueblo —insistió Santa Fe arrebatándole las palabras a Serdán—. Es la fuerza popular la que nos hará invulnerables ante las persecuciones del gobierno. Nuestra ley es el primer paso. Y la campaña que llevemos a cabo, el tranco definitivo.
Los amigos se quedaron callados, cada uno con la mente puesta en el futuro inmediato. La seriedad de Serdán agudizó sus facciones angulosas. Y la seguridad de Santa Fe acentuó en su rostro la tranquilidad que le había hecho un hombre convincente. Los dos meditaban sobre el impacto que tendría su propuesta social.
La semilla de la justicia social
En 1878 se publicó la Ley del Pueblo en el periódico La Revolución Social, órgano del Partido Socialista Mexicano fundado por Manuel y Alberto y, de acuerdo con lo que sus creadores habían planeado, hubo grupos que adoptaron como suyo el contenido del manifiesto: todos coincidieron en que representaba la esperanza para mejorar las condiciones del trabajo y, de alguna forma, participar en un acto patriótico: la defensa del país contra las ambiciones políticas de Estados Unidos.
Además de su exhortación que tardó tres décadas en consolidarse, los autores de aquella proclama vislumbraron lo que pasado el tiempo se presentaría como un mal irremediable: el dominio del capital sobre los gobiernos. En algunas de sus líneas, el programa estableció los siguientes criterios generacionales:
En menos de setenta años de vida independiente, hemos perdido la mitad del territorio patrio, que en 1848 pasó definitivamente a poder de los norteamericanos: tenemos comprometida gravemente la otra mitad: hemos ensayado como sistemas de gobierno, el imperio y la república unitaria y la república federal, el sistema dictatorial y el sistema democrático, sin conseguir establecer la paz.
En ninguna nación civilizada el pueblo, las masas, los artesanos, las gentes que trabajan viven en la miseria tan espantosa como viven entre nosotros…
¡Estamos enfermos!; estamos muy enfermos pero, al menos que nosotros sepamos, nadie ha dicho: esta es la causa de la enfermedad, ni este es el remedio. Pues bien esa es la tarea que nosotros nos hemos impuesto (…) porque nadie puede ocultar que, si seguimos entregados a la guerra civil, cosa que sucederá infaliblemente si no se destruye el origen de la guerra, que es la miseria del pueblo, dentro de pocos años, México será una colonia norteamericana…
Una vez que se conoció el contenido de la Ley del Pueblo, los esbirros del gobierno echaron ojo a sus promotores. El más vulnerable era Manuel debido a su bondad y buen talante, en tanto que Santa Fe tenía vínculos con la sociedad identificada con Porfirio Díaz, quien por aquellos entonces acababa de llegar a la presidencia mostrándose conciliador y a la vez dispuesto a imponer su política de “pan y palo”. Así que la autoridad dictaminó desaparecer a Serdán sin dejar rastros, precisamente para no crear mártires. Sin él —dijo alguien— será más fácil desarticular aquel proyecto social, acción que hará dudar a los simpatizantes de la propuesta de Serdán y Santa Fe, además de desanimarlos e incluso “meterles miedo”.
El poder actuó y Manuel Serdán desapareció de la faz de la tierra. Nadie supo qué le ocurrió, ni siquiera su esposa. “Ten mucho cuidado Manuel. Soñé cosas feas. Mejor no vayas. Deja para otro día lo que tengas que hacer” —le había dicho María del Carmen Alatriste, madre de sus entonces pequeños hijos Máximo, Aquiles y Carmen… Y tuvo razón porque nunca más nadie lo volvió a ver.
@replicaalex



[1] García Cantú, Gastón, El pensamiento de la reacción en México. Ed. Empresas Editoriales, sa, México, 1965.

martes, 11 de septiembre de 2018

La maravilla llamada vida




Si viviéramos realmente el Universo,
tal vez lo entenderíamos.
Jorge Luis Borges

Por Alejandro C. Manjarrez
Dijo Beethoven: Qué somos cuando nos comparamos con el Universo…
El extraordinario músico tenía cierta razón en su duda si partimos de que en aquellos entonces su generación vivía en un mundo ajeno a la ciencia de nuestro tiempo. Hoy es distinto porque podemos asegurar que los seres humanos somos un universo o, para ser modestos, el gran microcosmos constituido por células que en esencia tienen el mismo origen o mensaje estelar del Universo.
Carl Sagan supuso que habría algo así como 100 mil millones de galaxias y 10 mil millones de estrellas. Vertió tal suposición cuando el planeta estaba poblado por 6 mil millones de habitantes. Hoy hay más de siete mil millones de seres humanos en la Tierra y, diría el filósofo del pueblo, la mata sigue dando.
Cada uno de esos miles de millones de seres humanos tiene en su cerebro 100 mil millones de neuronas e, igual que el Cosmos, una intensa actividad en el cuerpo, dinamismo impulsado por 37 billones de células, partículas que se renuevan constantemente para mantener vivo su hábitat. Esto además de luchar contra los 100 billones de microbios que se introducen en el cuerpo. Y aún más: mientras combaten a los agresores del organismo, nuestras células se alimentan, reproducen, comunican entre sí y obtienen la energía y los nutrientes que les permiten dotar de vida al cuerpo humano. El cerebro, las neuronas, se encargan de regular la función del organismo para que las células trabajen en sintonía y cumplan la función de mantenernos vivos.
Pero no todo es miel sobre hojuelas, que conste. En el cuerpo humano ocurre lo mismo que en el Universo cuya constante es el crecimiento que suele culminar en el renuevo. La diferencia está en que, comparándola con el Cosmos, la vida de los humanos es efímera; un micro instante del tiempo concedido por —dirían los masones— el Gran Arquitecto del Universo.
Ese Gran Arquitecto o energía celestial o Dios o imaginación o fuerza espiritual o naturaleza o fe o armonía neuronal, ha hecho que los seres humanos concilien su pensamiento mágico con la realidad manifiesta en su mortalidad. Por ello, de manera consciente o casual, todos buscamos lograr la concordancia del cuerpo con el cerebro para que nuestra vida funcione como, valga la metáfora, cualquiera de los conciertos compuestos por Beethoven, el músico que a falta de oído usó la imaginación. Y como todos sabemos, la agudeza, sensibilidad y armonía cerebral de éste y otros genios fue resultado de la correlación dinámica y creativa de sus neuronas.
¿Por qué la genialidad no es tan común como la actividad y cambios del Universo?
Me atrevo a responder: porque aquel infinito está controlado por la energía de sus propias estrellas, fuerza que podría ser regulada, ordenada y distribuida conforme a los dictados de una omnipotencia cuya definición humana gira en torno a lo esotérico. En el caso de los genios la creatividad es uno de los efectos de una sinapsis neuronal cuya eficacia depende de la coincidencia del o los objetivos programados por el cerebro, unidad que, supongo, responde a los sentimientos o a la espiritualidad de cada individuo. O a las dos causas.
Retomo pues lo del genial Beethoven para la siguiente metáfora:
El cerebro humano primero compone la música que ahí está latente en las neuronas que captan los sonidos del Cosmos y la Naturaleza, energía enriquecida por la herencia genética del ADN. Después de diseñar la armonía y plasmarla en el pentagrama (mapa cerebral), el cerebro realiza los arreglos que habrán de formar la sinfonía de la vida, acordes que distribuye en las distintas particelle cuyas notas forman la música del gran concierto. Una vez consolidada la obra, su realización o interpretación dependerá de la capacidad del creador de esa maravilla constituida por los sonidos, las acciones y las imágenes que él mismo unió y dirige.
Ese extraordinario fenómeno humano ocurre dentro del organismo de hombres y mujeres. Sin embargo, a pesar de ello lo común es que formemos parte de una lamentable paradoja. Esto porque no obstante que la vida es conducida por la unión de las neuronas, muchos prefieren ignorar el hecho e incluso hasta despreciar la oportunidad de convertirse en directores de su propio concierto. Omiten que a partir de la energía que produce el cerebro podemos encontrar la armonía de nuestro organismo con el medio ambiente que nos rodea y las creencias que convoca la magia que, cual alquimia de hechicero, se compone en el cazo llamado cerebro.
La incuria mencionada tiene dos causales, mismas que atribuyo al nivel intelectual, ya sea un alto IQ o la llamémosle ignorancia supina. En el primer caso, la inteligencia combinada con el conocimiento suele derivar en soberbia, estado de ánimo que aleja al ser humano de la fe. Por otra parte está la rudeza intelectual cuya oscuridad obstruye el entendimiento científico. Ambas condiciones muestran la maravilla del poder cerebral que replica la energía del Universo. De ahí que esa luz deslumbre a los poseedores de un coeficiente intelectual elevado y asuste a quienes por convicción, intuición o imitación prefieren permanecer en la oscuridad, en el hoyo negro. Hay términos medios, claro, y ahí entran aquellos cuyo empeño se centra en eludir las tinieblas acogiéndose a la luz de la inteligencia.
Albert Einstein, el matemático excepcional, usó su genialidad para hablar del tema alejándose del escepticismo común en los hombres de ciencia. Dijo el sabio:
…Me siento satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con un atisbo de la estructura maravillosa del mundo existente, junto con el resuelto afán de comprender una parte, por pequeña que sea, de la Razón que se manifiesta en la naturaleza.
En efecto, la Razón de la naturaleza se manifiesta con la contundencia que observamos en, verbigracia, la “divina proporción”, fenómeno comprobable con las matemáticas (número áureo). Y también en la perfección lograda por los constructores del Partenón, por citar uno de los edificios que observan la sucesión de Fibonacci.
Acojámonos pues a esa “divina proporción”, y a la energía de nuestro universo personal, y a nuestra fuerza interior (fe), y a las maravillas de nuestro cosmos, y a la concordancia dinámica y creativa de nuestras neuronas, y a la sorprendente música constituida por los sonidos, acciones e imágenes que forman nuestras 100 mil millones de neuronas. De lograrlo podremos convertirnos en directores de nuestro destino para, impulsados por la propia energía interna que producimos, eliminar lo que nos afecta debido al descontrol del organismo, males que la Organización Mundial de la Salud define como desviaciones del estado fisiológico, alteraciones cuyas causas en general son conocidas y por ende previsibles. Habrá que hacerlo. Lo peor que puede pasarnos es que, como energía o átomos cosmogónicos que somos, regresemos a formar parte de una de las dimensiones del Universo. Nunca se muere en el intento. Al contrario.

@replicaalex

sábado, 25 de agosto de 2018

La Puebla culta*


Por Alejandro C. Manjarrez
Según dicho de los cronistas urbanos de hace cuatro décadas o más, en la ciudad de Puebla “soltaban al león” en cuanto oscurecía. Las sombras de la noche ocultaban al transeúnte ocasional.
Entonces la actividad estaba sujeta a rigurosos horarios laborales que iniciaban a las once de la mañana y suspendían sus actividades a las 13:30 horas para, una vez rendido el homenaje a san Pascual Bailón, volver al trabajo a eso de las cuatro de la tarde. La faena laboral concluía poco antes de las veinte horas.
Aquella soledad inducía a pensar en las leyendas que aderezan vida, milagros y tradiciones de la recoleta y antigua ciudad, donde el silencio del alba solía romperse con el desgarrador grito de ¡aguas..!; sí, me refiero a la voz que anticipaba la lluvia del líquido amarillo que caía en el empedrado y, a veces, escurría hacia la acequia captadora de esas miasmas. Las aguas broncas de los aluviones de mayo, los aguaceros veraniegos y la limpieza de las banquetas a cargo de ciudadanos responsables, atemperaban el irritante y desagradable tufo a orines humanos.
La noche solía iluminarse con los rostros alegres unos y taciturnos otros, todos ellos alumbrados por los tímidos haces de luz surgidos de las farolas de aguarrás que formaron la primera iluminación pública (1723).
A mediados del siglo xx, detrás las columnas de los portales de la ciudad capital, ocurrió lo que para la conventual Puebla fue una interesante mutación social: los parroquianos tradicionales dejaban el espacio a los noctámbulos que acudían a beber y, entre copa, chisme y trago, echarse un taco de ojo mirando los sugerentes cuerpos de las mujeres tímidamente protegidas por el manto nocturno. Ellas ofrecían sus servicios sexuales a quienes buscaban una riesgosa aventura o simplemente querían saciar los apetitos de la carne. De vez en cuando esos parroquianos comentaban sorprendidos la presencia de algún político o comerciante deseoso de confirmar su masculinidad: que el alcalde, que el diputado, que el empresario de medio pelo, que el funcionario municipal presto a ejercer algo parecido al derecho de pernada, que el mercader agobiado por las deudas impagables, en fin... Empezaban a dejarse ver los travestis que buscaban pareja.
No había un programa cultural que respondiera a la demanda silenciosa de la época. Ante esta carencia, un pequeño y culto sector de la sociedad angelopolitana invirtió parte de su peculio en la contratación de grupos musicales de fama internacional y otras de las manifestaciones artísticas; el Ballet Bolshoi, por ejemplo. “Puebla Ciudad Musical” se llamó aquella organización civil cuya creación de alguna manera hizo suyas las propuestas culturales de la Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material de Puebla, el organismo de carácter privado cuya membresía tuvo a bien arrogarse algunas de las funciones jurídicas del municipio, entre ellas el usufructo de cierto porcentaje de los impuestos que por ley correspondían al ayuntamiento de la capital del estado. Nos cuenta el investigador Andrew Paxman[1], que al financiar la creación de la Junta mencionada, el comerciante norteamericano William Jenkins volvía a demostrar que él era la éminence grise; un personaje cuyo poder y nombre evocaban “el oscuro arte titiritero”, condición ésta en la que el conocimiento cultural brillaba por su ausencia.
Los espacios cinematográficos, otrora propiedad de Gabriel Alarcón y Manuel Espinosa Yglesias, exhibían los filmes de la llamada época de oro del cine nacional y una que otra película musical hollywoodense. Habían pasado algunos años del día en que se cometió el crimen de Jesús Cienfuegos, dueño de varias salas y, en consecuencia, competidor de los empresarios cuya visión los proyectó hasta el jet set del dinero. Fue uno de tantos crímenes cuya autoría quedó a salvo gracias a las componendas negociadas por el gobierno de la época.
Medité sobre lo que acaba usted de leer después de atestiguar algo parecido a una manifestación del pueblo atraído por la cultura: cientos de personas recorrían animados los espacios lúdicos del Complejo Cultural Universitario (ccu). ¿Qué pasó aquí?, me pregunté. ¿Cuándo y cómo ocurrió este cambio tan espontáneo? Estos mis cuestionamientos me indujeron a precisar las razones de la transformación o, mejor dicho, el encuentro popular imbuido de un inusitado y democrático interés cultural: había que buscar cuándo y cómo se manifestaron los antecedentes de ese milagro social…
De ello trata este libro. Su concepción obedece al interés periodístico sobre las razones históricas del cambio que me motivó a tratar de encontrar la llave que pudo abrir la chapa de la puerta que permitía acceder al cuarto donde permanecieron confinadas las tradiciones populares y muchas de las expresiones culturales. Comprobé que aquel imaginario postigo se encontraba oxidado debido a la humedad que produjo el agua acarreada por algunos gobernantes deseosos de nutrir su molino personal, espacio donde reina la corrupción.
Entremos pues al contenido de este libro que busca exponer cómo fue construyéndose el eje de la expansión cultural en Puebla. Muestro algunos destellos de los intríngulis universitarios y políticos. Destaco los porqués de la trascendencia del citado Complejo que, como lo veremos adelante, se transformó en el polo de atracción y difusión de la cultura, además de modelo para otras universidades y, en consecuencia, acicate cultural de varios gobiernos.
Respetado lector:
Tómense estas líneas como una provocación cultural. Habrá sin lugar a dudas investigadores, científicos o expertos en semiótica que, aparte de sus pruebas documentales, paradigmáticas, podrían animarse a usar la lógica con el fin interpretar y descubrir aquello que nos ha legado la cultura de Puebla. Mientras esto ocurre, me he valido del descernimiento iluminado por —valga la metáfora— los destellos de las “farolas de aguarrás” cuyas luces nos muestran la puerta del espacio aquel donde —lo dijo Jules de Gaultier— se detiene la ciencia para dar paso a la imaginación.
*Presentación del libro en proceso de impresión
Imaginar el pasado, recordar el futuro*
…Se puede decir con cierta facilidad cuándo comenzó algo. Es mucho más difícil entender cuándo se originó algo.
Yo quisiera poseer la convicción o la clarividencia necesarias para definir el origen de México, para ponerle fecha precisa a nuestro país, pero siempre me encuentro con numerosas dudas que se vuelven preguntas:
¿Empezó México cuando creció en su suelo la primera planta de maíz?
¿O aquella noche en que los dioses se reunieron en Teotihuacán y decidieron crear al mundo?
¿Comenzamos con la agricultura, o con el mito?
¿Con el hambre de la palabra, o con la palabra del hombre?
¿Quién dijo, en México, la primera palabra?
¿Hubo siquiera una primera palabra, o bastó escuchar el rumor desarticulado, el ladrido del perro, el trino del ave, la oración sufriente, para convocar un mundo?
Y algo más: ¿Nació México aislada, singularmente, o somos, desde un principio, origen y destino de vastas migraciones, hermanados con el resto del mundo por los pies de muchos caminantes?[2]






[1] Paxman, Andrew, En busca del señor Jenkins. ed Penguin Random House Editorial, 2016, México
[2] Fuentes, Carlos. Nuevo tiempo mexicano. Ed, Alfaguara, 1994, México

miércoles, 15 de agosto de 2018

Martha Erika, el arma secreta


La vida es una tragedia para los que sienten,
y una comedia para los que piensan.
Jean de la Bruyere

Por Alejandro C. Manjarrez
Cuando sugerí que la presencia de Rafael Moreno Valle daría un vuelco a la historia política de Puebla, hubo quienes fruncieron el ceño. Supusieron que me dejaba llevar por el “carisma” del entonces gobernador. Esto, creo, porque ignoraron lo dicho por mí en diferentes columnas, apuntes publicados en La Puebla variopinta, conspiración del poder, libro del cual soy autor y en cuyas páginas escribí:
En el trayecto de este libro he mencionado varias veces a Rafael Moreno Valle Rosas. Parecería que busco dedicárselo. Pero no. La reiteración se debe a que él, casualmente, es el parteaguas de la política poblana debido a que en su mandato empezó a darse el cambio, gestión que coincidió con la presencia de los internautas devoradores de políticos (con las consecuentes funciones digestivas) y la participación de una prensa más libre que nunca, no por la gracia del gobierno, sino precisamente por lo contrario…
También aseguré que a partir del gobierno morenovallista era casi imposible que en esa generación aparecieran otros servidores públicos con los tamaños para convertirse en una referencia histórica. Y en esto último —lo confieso sin rubor— me equivoqué debido a que su esposa no figuraba en mis proyecciones a pesar de que el comunicador carnal Marcelo García Almaguer comentó al que esto escribe que ella era “el arma secreta de Rafa”.
Reconozco pues que se me escapó la referencia de Marcelo, misma que hoy la vemos concretada con estridencia mediática.
Al ver las declaraciones de quien fue la primera dama del estado de Puebla y hoy es por la voluntad de su esposo gobernadora electa (a chaleco, dicen los morenistas), confirmo que en efecto Martha Erika Alonso es (o era) el arma secreta de su esposo. Pero al mismo tiempo corroboro que tal arma produjo una implosión de consecuencias terribles y catastróficas para la pareja. Vea usted la causa de esta llamémosle tragedia política:
La elección que produjo el desbarajuste del proyecto morenovallista mostró la realidad poblana medio disfrazada por los medios de comunicación vinculados al presupuesto gubernamental: el pueblo salió a votar y se convirtió en testigo casual de algunas de las mañas inductoras o manipuladoras de los resultados electorales. Así empezó la debacle de la imagen del matrimonio Moreno Valle-Alonso, desastre cuyas consecuencias me atrevo a predecir en dos vertientes.
Primer escenario
Si el Trife confirmase a Martha Erika como gobernadora, ésta y su esposo enfrentarían una realidad no considerada en sus sesudas proyecciones políticas basadas en el ejercicio absoluto del poder. El Congreso —que por cierto tiene una mayoría digamos que independiente— les pedirá cuentas y hurgaría en temas mañosamente ocultos y desde luego en contratos, asignaciones multimillonarias directas, fideicomisos, autorizaciones, manejo financiero de los recursos públicos y, por sólo citar uno de los casos misteriosos, la bitácora del helicóptero Agusta, documento donde deben estar registrados todos y cada uno de los viajes oficiales y privados del ex mandatario y sus cuates. Ello además de pugnar por la cancelación de concesiones como la del agua y el juicio o acuerdo de la mayoría para remover al fiscal del estado. Martha Erika estaría así asediada por las instancias legales que durante años controló su señor marido. Imagínese el lector a una gobernadora tratando de proteger a su cónyuge y de paso encubrir a sus contlapaches en el ejercicio de gobierno, todos ellos expuestos a la posibilidad de tener que defenderse de las obvias denuncias por peculado… A todo esto agréguele la apreciación negativa del presidente Andrés Manuel López Obrador quien dijo que nunca podría tratar con Martha Erika los asuntos del gobierno por una razón: ella es una imposición de su marido.
En otro de los espacios de la política nacional, veo al senador Rafael Moreno Valle Rosas asediado por rivales y enemigos, algunos montados en el caballo de la venganza y otros trepados en el ferrocarril de cobro de agravios. Es el caso del legislador Alejandro Armenta Mier quien, sin lugar a dudas, lo increpará (e incluso pedirá su desafuero) desde la tribuna del Senado de la República donde el hoy morenista renovará y actualizará sus denuncias en contra del ex gobernador. O a Fernando Manzanilla Prieto poniendo en orden los señalamientos y las denuncias que llegaron y llegarán a la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Y a las organizaciones civiles y líderes naturales exigiéndole al gobierno lópezobradorista que se castigue a quien se pasó por el arco del triunfo los derechos sociales. Y a los que fueron presos políticos por el simple hecho de haberlo criticado. En fin, la lista es larga…
Segundo escenario
Si se anula la elección habría un nuevo proceso electoral que, probablemente, ganaría Miguel Barbosa Huerta. Esto porque el ex senador Barbosa no ha quitado el dedo de la herida señalando las causas de lo que él llama fraude electoral histórico. Además él ya sabe cómo se las gasta el equipo de Rafael a quien, por cierto, le ha endilgado epítetos que ni en sus peores pesadillas imaginó Moreno Valle.
Ya con las llaves del baúl ése donde se guardan los secretos del gobierno, Barbosa lo abriría para dotar al Congreso local de los elementos jurídicos que apoyen las denuncias en contra de los gobiernos de Rafael y de Tony Gali. A ello adicione el lector la retórica de Luis Miguel articulada con la intención de hacer más escandalosas las denuncias y los hallazgos derivados de una o varias acuciosas indagatorias.
¡Qué necesidad!, diría Juan Gabriel
¿Pero por qué llegamos a estos escenarios nada halagüeños para el matrimonio Moreno Valle-Alonso?
La respuesta me la anticipó Antonio Peniche García cuando recién había sido defenestrado del grupo morenovallista a la sazón en plena campaña para lograr la candidatura al gobierno de Puebla: Rafael ve a los poblanos como indígenas con taparrabo. Los menosprecia...
Ha iniciado el proceso que ocasionará una catastrófica implosión para la “pareja siniestra”, como los definió Luis Miguel Barbosa Huerta, uno de los miles de poblanos menospreciados por Rafa…
@replicaalex