miércoles, 13 de junio de 2018

El presidente cachondo



Por Alejandro C. Manjarrez

El sexo es lo más divertido que se puede hacer sin reír.
Woody Allen

En una de sus giras por la capital de la República, Adolfo López Mateos inauguró el nuevo acceso al Pedregal de San Ángel donde, a partir de la roca volcánica, los arquitectos de vanguardia sacaron provecho a la herencia pétrea del Planeta.
Por ahí se encontraba una hermosa mujer cuyos destellos parecían opacar la luz que iluminaba la transparente mañana.
Angelina se llamaba ella. E iba con su madre.
Ambas se habían empeñado en entregar al señor presidente la carta donde pedían su intervención para que el gobierno construyera en la zona un nuevo concepto de jardín de niños.
“¡Don Adolfo… Presidente!”, gritó la mamá de Angelina blandiendo el sobre blanco que contenía la misiva.
La vista, el oído, el olfato y su caballerosidad obligaron a López Mateos a ver a la señora que lo llamaba: la miró fugazmente y con el rabillo de sus ojos descubrió la figura de la bella señorita que la acompañaba. Repuesto del golpe al corazón que de momento le hizo olvidar a los disidentes sindicales “enemigos de la patria”, amable como solía serlo, Adolfo se acercó a doña Eugenia:
— ¿Para qué soy bueno, Señora?”, le preguntó con su peculiar galanura.
— ¡Ay, señor presidente...! Gracias y perdone nuestra impertinencia —dijo la sorprendida mujer…
— ¿Nuestra? —dudó don Adolfo con la imagen de la joven mujer pegada al rabillo de sus ojos.
—Sí. De mi hija y de su servidora —respondió ella al tiempo que dirigía su mirada al orgullo de la familia. Queremos que nos ayude. No hay kínderes por acá…
—Jardines de niños, mamá… —corrigió la hija con su voz tenue, profunda.
El presidente hizo como si no hubiese visto ni oído a quien ya lo había cautivado. Prácticamente le arrebató la carta a la doña y la previno simulando indiferencia hacia su hija:
—Me pondré en contacto con usted. ¿Cómo dice que se llama?
—Eugenia, para servirle —alcanzó a responder la señora.
López Mateos se dio la media vuelta sin atender el adiós de las mujeres, una muy bella y joven, la otra madura y todavía guapa.
Al día siguiente llegó a casa de los Gutiérrez un miembro del Estado Mayor Presidencial:
“Doña Eugenia —dijo el militar a la sorprendida dama—, el señor presidente le pide que mañana jueves vayan usted y su hija a Los Pinos. A las diez de la mañana vendrá un automóvil a recogerlas. ¿Está de acuerdo?”
La señora asintió sonriente, emocionada.
Los Pinos
Como lo prometió el militar, a la hora pactada llegó el automóvil que debía conducir a las Gutiérrez a la oficina del primer mandatario de México quien, sin dudarlo, al verlas cambió de talante para dejar la investidura de Jefe de Estado y colocarse la de Casanova.
—¡Lupe, toma nota, por favor; la madre de esta preciosa criatura te va a dictar! —espetó Adolfo a su secretaria después de los escarceos con sus invitadas, cabriolas verbales que incluyeron las habilidades culinarias de la madre que logró vencer el miedo al poder, el máximo de México.
Animada por la petición de su anfitrión, doña Eugenia se puso a dictar los ingredientes y pormenores de la receta del espagueti a los cuatro quesos, el platillo que a partir de ese día dio sabor a la vida republicana.
—Pero mejor háganlo ustedes en su casa —interrumpió mañoso don Adolfo—; e invitan al presidente para que disfrute esa pasta que ya estoy saboreando.
Seis meses después del sancochado encuentro que dio un giro violento a la vida de la familia presidencial, Josefina Rodríguez, operadora de larga distancia internacional de Teléfonos de México, platicó a sus amigos el “delito” que acababa de cometer: ¡había escuchado la conversación del jefe de las instituciones mexicanas con su novia Angelina! (en esa época no estaba digitalizada la comunicación telefónica).
—Casi llora de amor —comentó Josefina con un dejo de remordimiento—. Su voz cortada por la emoción me cautivó. Escuché al presidente confesarle que la extrañaba y que no veía la hora de regresar de Europa. Habló del calor del cuerpo y de las humedades y de los temblores orgásmicos y de las sensaciones del tacto…
Josefina repitió su indiscreción hasta que un día el que esto escribe tuvo oportunidad de escucharla:
—¿Y cuál fue la reacción de ella? —Pregunté con el morbo de la juventud—. ¿Le respondió en el mismo tono?
—La misma que su novio —ironizó mi informante—: le dijo que pasaba las noches en vela y húmeda cuando pensaba en él, en sus caricias. Alcancé a escuchar cómo sollozaban. Bueno eso es lo que me pareció —acotó traviesa la tal Josefina.
Para entonces, junto a la casa de los Gutiérrez, ya funcionaba el jardín de niños mejor habilitado del país, quizá el más elegante de aquellos años y además ejemplo para los educadores del mundo, o cuando menos de nuestra sufrida América Latina.
8 milímetros
Otra vez la buena suerte del periodista me puso frente a esta historia de amor. Así me enteré de la frecuente exhibición de la película de la boda eclesiástica, escenas que sorprendían a quienes —invitados por la familia, claro— podía verlas y atender la explicación del licenciado Gutiérrez, el orgulloso “suegro” de López Mateos. “Esto parece política ficción”, pensé cuando me tocó escuchar la historia.
Se disiparon mis dudas sobre lo que parecía un cuento de alguno de los cronistas de Palacio. El anfitrión me platicó sus recuerdos sin mediar remordimientos ni pena (era director de Caminos y Puentes Federales de Ingreso y Servicios Conexos). Lo hizo sincronizando sus palabras con las imágenes del celuloide familiar:
“Mi hija casó con el presidente López Mateos…
“Lo que están viendo es la boda religiosa de Angelina…
“Éste es el único de los matrimonios que vale…”
En efecto, Adolfo López Mateos se había casado por la Iglesia con la hermosa hija de los Gutiérrez. Y aunque fue otra de sus muchas aventuras románticas, quizá la última, el matrimonio aquel hizo las veces de colofón a la pasión amorosa de este hombre enamorado de las mujeres jóvenes a quienes la naturaleza hizo bellas, bien proporcionadas y portadoras de la cadencia que incentiva la libido de los hombres.
Es obvio que los obispos de la época, influyentes representantes de Dios, no tuvieron empacho en inclinar la cerviz ante el hombre que ostentaba el poder del César.
Pasó el tiempo y el primer mandatario del país empezó a sufrir de jaquecas, antecedente del aneurisma cerebral, enfermedad que finalmente lo llevó a la tumba. Dicen que su único consuelo fue Angelina e hijos: estar junto a ella y a ellos pudo haber endulzado el final de su azarosa, romántica y complicada vida.
Durante los últimos meses de aquel régimen, el destino de México quedó en manos de Humberto Romero Pérez, su secretario privado.
“El señor está indispuesto. Así que te pido su comprensión. Por favor no lo molestes. Tengo instrucciones de…”, decía Humberto a secretarios de Estado y gobernadores. Y en efecto, las neuralgias impidieron a López Mateos gobernar. El intenso y permanente dolor le obligó a ceder el manejo del poder presidencial a Romero Pérez.
Empero, no obstante su terrible enfermedad, dicen que don Adolfo logró disfrutar sus últimos días en este mundo al lado de sus hijos. Momentos felices sin duda junto a los niños que empezaban a vivir.
López Mateos murió y se llevó el carisma y la energía que atrajo a la joven Angelina y a muchas otras mujeres. En su lugar sólo quedó el recuerdo del poder que hace a los hombres seductores, arbitrarios a veces, casi siempre dioses efímeros, de vez en cuando padres injustos, ocasionalmente amantes intensos, y con frecuencia esposos infieles.
Otra película. El performance de la vida romántica de quienes cumplen sus sueños de poder en la cama y en el foro público. El toque personal al espagueti recalentado de cada seis años, tal y como ocurrió con el segundo López del siglo, el Portillo…


jueves, 24 de mayo de 2018

Carta a Miguel Barbosa Huerta


Mezcladas andan las cosas:
junto a las ortigas nacen las rosas.

Señor candidato:
Por su actitud y discurso salta a la vista que usted es un caballero respetuoso de las mujeres. Nunca habla mal de ellas a pesar de que Martha Erika Alonso de Moreno Valle sea su principal adversario en la disputa por la gubernatura. Por ello es justificable que al calor de la improvisación usted haya soltado algunas frases cuya jiribilla le ganó una demanda ante el órgano electoral de Puebla, trámite que derivó en la precisa instrucción de la autoridad apercibiéndolo para que se abstenga de formular conceptos que pudieran poner en entredicho la dignidad política de la esposa de Rafael Moreno Valle Rosas. Con ello el colegiado en comento afirma que la candidata postulada por cinco partidos es ajena a los dislates políticos y burocráticos de su señor marido. Así que usted está limitado para articular definiciones peyorativas, circunstancia que forma la ficción jurídica que, en este caso, le prohíbe usar la libertad de expresión enunciada en nuestra Carta Magna.
Dicho lo anterior permítame, señor candidato, hacerle las siguientes preguntas:
¿De dónde diablos sacó que Martha Erika y Rafael son lo mismo, que votar por ella es la reelección de Moreno Valle? ¿Acaso algún morenovallista infidente le confió algo que la sociedad poblana ignore? ¿Se fue con la finta que construyó Andrés Manuel respecto a que el ex gobernador es el titiritero que mueve cruceta e hilos de las marionetas políticas que cobran en las nominas del gobierno?
Como es obvio que tardará en responder esta misiva (si es que lo hace), me tomo la libertad de compartirle las contradicciones que rodean la vida pública del matrimonio; a saber, que ella es independiente de él y que él tiene el control absoluto sobre ella y su equipo de campaña.
Ubicándome pues en el espacio habitado por los partidarios de la candidata en cuestión, especulo:
Marta Erika pudo haber ignorado la orden que derivó en la muerte del niño José Luis Tlehuatle Tamayo (Ley Bala). Si acaso, cuando llegó a enterarse, tuvo que callar para evitar que su armónico físico fuera blanco de un celularazo. Es complicado asegurarlo, empero, puede ser que allá en la íntima intimidad de Casa Puebla, después de enterarse de esa brutal barbaridad, la esposa haya regañado al marido a pesar del riesgo que corría por criticar a quien entonces tenía en sus manos su carrera política. Incluso, por qué no, hasta señalar enfática la transgresión a la filosofía del DIF encabezado por quien dijo —léase Martha Erika— que lo más importante había sido y sigue siendo el bienestar de la infancia poblana.
Senador: a partir de las apariencias sería un error suponer que ella metió la mano en u opinó sobre los nombramientos de diputados, consejeros y magistrados determinados por él. Sin embargo, debemos considerar que dicha conjetura puede ser válida si tomamos en cuenta que varios de ellos hoy forman parte de su estructura electoral, ya sea como colaboradores o bien como candidatos a diputados o senadores dispuestos a ayudarla para que, a fuerza de trabajo e ingenio, obtenga la votación necesaria que la lleve a encabezar el poder Ejecutivo.
Asimismo, sería una simpleza pensar que Martha Erika haya estado de acuerdo e incluso apoyado las decisiones de su querido esposo. Me refiero a dejar como sucesor intermedio a Tony Gali (su operador personal), o designar como alcalde sui generis a Luis Banck (su fiel mosquetero), o expulsar de su entorno familiar a Fernando Manzanilla y cónyuge, u obstaculizar la candidatura de Blanca Alcalá Ruiz así como las aspiraciones políticas de Ana Teresa Aranda, o sacar del atolladero a Cabalán Macari (el guapo de Palacio), o —refiere la prensa— escoger para la Audi los terrenos de San José Chiapa aledaños a propiedades de la familia Alonso, o intervenir los teléfonos de amigos y enemigos, u ordenar al Congreso local la legislación de leyes que dieran impunidad, certeza y comodidad a las decisiones atrabiliarias del poder Ejecutivo (entre ellas la expropiación fast track), o meter a la cárcel a sus críticos sin importar la legalidad de su actuar y menos aun su edad e inocencia, o arrogarse el control político de casi todos los partidos con sede en Puebla (por cierto instituciones políticas que apoyan la candidatura de Martha Erika)…
Es posible, pues, que la adorada pareja de Martha la haya marginado de los excesos del poder, empezando, como diría el clásico, por el principio. Por ejemplo: no informarle el gasto inusual que el gobierno aplicó en la remodelación de Casa Puebla, mejoras que incluyeron lujos comunes en hoteles de Dubai o en hogares de millonarios como Donald Trump. Si así ocurrió es probable que su adversaria del PAN (y partidos anexos) se haya supuesto beneficiaria del buen gusto de Mario Marín quien, amable y visionario, hubiese decidido acondicionarla para quedar bien con los nuevos inquilinos.
Por todo ello usted tiene prohibido echar a volar la imaginación. Si lo hace sabe que podrían etiquetarlo como machista irredento, además, claro, de perder el registro de la candidatura e incluso del partido que lo postuló. Esto aparte de ser multado y encarcelado conforme lo establece el protocolo para la atención de la violencia política de género. Pero no se preocupe: por si lo olvidó le recuerdo que los consejeros electorales de nuestra pujante Puebla son ajenos a los dictados de la hegemonía morenovallista cuyo control se basa en parar de tajo a políticos y líderes sociales que hacen uso de su derecho a disentir.
Señor senador con licencia: no hay que soslayar que en esta fiesta (o carnaval electoral) sólo hay una reina y que ésta vive rodeada de corifeos, todos ellos prestos a elogiar desde su independencia de criterio hasta sus aportaciones políticas. Los mismos que sin rubor podrían asegurar que el futuro senador no rechistaría si su apreciable esposa le designa presidente del DIF poblano.
En fin, confiemos en que el próximo gobernante de Puebla se desligue de las malas influencias y que, libre y autónomo, llegue al poder con el ánimo de rescatar la cultura que otrora hizo de la entidad una referencia mundial, época en que, verbigracia, el poeta poblano Pérez Salazar y Venegas (s.XIX) legó a la literatura humorística su sátira que, dijeron los cronistas de la época, hería como un ramo de rosas…
Le deseo salud e inmortalidad política.
@replicaalex


jueves, 17 de mayo de 2018

El destino de Puebla en manos de Rafael



A veces hace falta un ramalazo de
locura para construir un destino.
Margarite Yourcernar
Por Alejandro C. Manjarrez
Ni modo: correré el riesgo de ser reiterativo. La razón: Rafael Moreno Valle es tan predecible que lo que hizo hace años lo repite, pero no por falta de imaginación sino debido a que responde al proyecto de poder que incluye el fortalecimiento de su economía. Supongo que su padre o su abuelo le mostraron el camino valiéndose del apotegma de quien fue amigo, jefe y paradigma de la familia: “Político pobre es un pobre político”.
Hagamos pues un rápido viaje por la vida pública de quien podría convertirse en el único gobernador que dejó gobernador y, en un descuido, en el único que, valga el eufemismo, hizo gobernadora a su respetable e incomprendida esposa:
Rafael nació en pañales de seda.
Vivió rodeado del amor de sus padres.
Estuvo en riesgo su vida y por ello tuvo una infancia llena de atenciones: nada más lo operaron del corazón.
Por ésa y otras razones fue el niño consentido del matrimonio Moreno Valle-Rosas. Su delicado estado de salud demandaba que le cumplieran todos y cada uno de sus caprichos infantiles.
Rafael se acostumbró a disfrutar de las ventajas que permite la riqueza económica combinada con la atención desmedida.
Sus padres lo prepararon para tener éxito en la jungla financiera donde medran las “fieras” cuya zalea y aliento despide el tufo a dinero.
En medio de ese entrenamiento apareció lo que le había inoculado el abuelo: la política.
Con esas cargas genéticas, Rafael Moreno Valle Rosas arribó a Puebla; lo hizo con la actitud del conquistador aquel que usó los espejitos para convencer al pueblo.
Su padre accedió a soltarlo después de lo que fue una negociación difícil dado que había proveído a su hijo de educación elitista y una carrera financiera y no, como ocurrió, para ser político. Rafa aprendió así a moverse en el mundo donde los miramientos salen sobrando cuando de ganar dinero se trata.
Su consentidora y comprensiva madre fue su cómplice natural y con esa calidad le pidió a Armando Labra, amigo de la familia: “Habla y convence a mi esposo para que permita que mi hijo incursione en la política. Rafael siempre te ha escuchado…”
Armando Labra, cercano al matrimonio, cumplió su cometido con un agregado digamos que fraternal: abrió algunas de las puertas por donde Rafita, como le decían, accedió a la vida pública, primero en las campañas del PRI y después durante el proceso electoral que impulsó a Melquiades Morales Flores hacia Casa Puebla. En este espacio de su vida aprovechó el agradecimiento que Melquiades le manifestaba al general y doctor Rafael Moreno Valle, el padrino político que lo convirtió primero en su secretario privado, después en diputado y, mediando un importante donativo económico etiquetado para compensar los gastos de campaña de sus compañeros, líder del Congreso local. Gracias pues a ése y otros apoyos que el abuelo le brindó a Melquiades, Rafita pudo cobrar a precio alzado el llamémosle compromiso generacional. “¡Quiero la Secretaría de Finanzas!” exigió a pesar de su inexperiencia en el manejo de las finanzas públicas. Y al entonces gobernador no le quedó de otra mas que entregársela sin rechistar: era su destino y —diría Shakespeare— lo jugó con las cartas del nieto de su hacedor.
El resto de la historia es harto conocido, incluyendo el influjo que Rafael ejerció sobre dos entes políticos, el mencionado Melquiades Morales Flores y Elba Esther Gordillo Morales, ésta su hada madrina e impulsora política (recordemos que la Maestra negoció con Felipe Calderón la senaduría panista que convirtió a Rafael en el candidato natural a la gubernatura). También persuadió a muchos de los dirigentes del panismo nacional y varios de los encargados de algunos membretes políticos. Todo ello, lo subrayo, valiéndose de su habilidad en el área de la seducción financiera, espacio donde los escrúpulos salen sobrando (dice el clásico que lo que en política cuesta, sale barato).
Creo pues que estos trazos del perfil de Moreno Valle son suficientes para asegurar lo que en mis columnas he apuntado hasta el hartazgo: de una u otra forma Rafael sacará provecho al proceso electoral que vivimos, incluso si su esposa llegara a perder la elección. En este caso tendría una gestión senatorial tranquila y políticamente productiva. Y se libraría de los señalamientos que a punto están de convertirlo en un hito de la historia negra de Puebla, tal y como lo ha sugerido Andrés Manuel López Obrador y repetido Miguel Barbosa Huerta.
La paradoja
Respetado lector: no se sorprenda si Moreno Valle sale beneficiado y limpio de este proceso electoral. El tipo se ha preparado y tiene la facultad de los camaleones. Sabe cómo mimetizarse. Aprendió a sobrevivir en los ambientes políticamente tóxicos; lo hizo valiéndose de su capacidad histriónica en la cual destaca, insisto, su poder de seducción personal, actitud que combina perfecto con lo financiero. Sin embargo, este pronóstico podría cambiar gracias a la única nube negra que oscurece su futuro: el lopezobradorismo.
El candidato presidencial de Morena ha dicho que, de ganar la presidencia, le sería muy incómodo que Martha Erika Alonso llegara a gobernar Puebla. Que no la ve como candidata con merecimientos. Que la considera una pieza más en el engranaje que mueve la maquinaria de Rafael acondicionada para —ya lo sabemos— conservar el poder y consolidar algo parecido a una monarquía.
Es obvio que AMLO no ignora que “con dinero baila el perro y que, con un poco más, también el dueño”. Por ello le preocupa que su candidato al gobierno de Puebla pierda la elección. Sabe que Moreno Valle tiene y usufructúa la propiedad intelectual de los distintos membretes políticos, incluidos los partidos estatales que apoyan la candidatura de Martha Erika Alonso de Moreno Valle (PAN, PRD, Movimiento Ciudadano, Compromiso por Puebla y PSI). Y por si lo anterior no bastara ahí está el pacto del PRI con el Verde Ecologista y Nueva Alianza: todo indica que las dirigencias estatales del Verde y el Panal fueron convencidas para que postularan candidatos utilitarios cuya misión consiste en encubrir la estrategia electorera diseñada para que Martha Erika Alonso de Moreno Valle gane la elección.
La maniobra política es prácticamente del dominio público. En ella Rafael Moreno Valle tiene la opción de mover su maquinaria electoral de acuerdo con el resultado de las encuestas nacionales; es decir, si observa que el triunfo de Miguel Barbosa es irreversible, instruiría a sus huestes para que apoyen a Enrique Doger Guerrero. Esto porque sabe que es mejor un mal trato que un buen pleito. Dudo que Moreno Valle se siente a esperar esperanzado en el triunfo de Ricardo Anaya Cortés seguro que éste se prestará a borrar con la cola lo que ha dicho con la boca.
Salta a la vista, entonces, que Rafael tiene en sus manos las cartas y que con ellas jugará el destino que le planearon su abuelo y su padre. Lo malo de este juego es que en él va incluido el destino de Puebla, estado cuyos habitantes están en las antípodas de la estirpe morenovallista…

@replicaalex