martes, 9 de julio de 2013

Moreno Valle, la estrella de Puebla



En abono a lo escrito por:
Rodolfo Rivera, Arturo Luna y Rodolfo Ruiz.


Por Alejandro C. Manjarrez
Al final de la quinta etapa de su gobierno, Melquiades Morales Flores llamó a los miembros de su equipo de la Secretaría de Finanzas y Desarrollo Social para decirles e instruirlos: “El próximo será un año electoral. Tenemos que hacer muchas obras. De ello depende que nuestro partido gane elecciones”.
La petición política se topó con un problema serio: se había adelantado, gastado y comprometido el presupuesto del último año de aquel sexenio. “Ya no hay dinero, Gobernador”, le dijo el Secretario explicándole las razones. Al escuchar tan desalentador informe, sin pensarlo mucho, Melquiades escogió la vía del endeudamiento que el tiempo y las malas lenguas convirtieron en “hoyo financiero”.
Viene a cuento el dato para establecer que la derrama económica suele dar la tranquilidad social y financiera que abona el prestigio político del gobernante y su administración. Si no hay obra pública, el dinero escasea, la planta laboral decae, merma la capacidad económica de las familias, aumenta la pobreza y surge el malestar en contra del Estado. Cuando esto sucede es porque los economistas orgánicos decidieron poner los caballos detrás de la carreta, en este caso la política.
Dos ejemplos para contrastar:
Uno: influido por sus asesores de lujo, Enrique Peña Nieto aceptó que se restringiera el gasto público hasta que Luis Videgaray le dijera cuándo y cómo soltarlo, decisión ésta que ocurrió poco antes del proceso electoral que incumplió con las expectativas que se había trazado el PRI. No quiso iniciar su gobierno con bombos y platillos, “música” que hubiese producido la derrama económica en cuestión. Además decidió compartir el poder con sus “enemigos” (Pacto por México), factor que adicionado a la atonía financiera produjo la merma de prestigio que afectó a su instituto político. Por esas dos causas el PRI dejará de gobernar a 5 millones de mexicanos a pesar de tener el control del dinero público y de varios de los congresos estatales. No se requiere de mucha inteligencia para caer en cuenta que justas o no las estrategias, éstas afectaron al partido del Presidente de México. Los caballos no jalaron la carreta y Peña Nieto dejó pasar la primera oportunidad que le permitiría mejorar su imagen lastimada por la falta de legitimidad endilgada por sus adversarios políticos.
El otro: a pesar de tener formación de economista, Rafael Moreno Valle decidió privilegiar la política (o sea poner los caballos delante de la carreta) con la intención de ganar las elecciones. Él y sus asesores encontraron la forma de realizar obras notables (por su espectacularidad) así como acciones de beneficio colectivo. No hubo debilidad en la distribución y manejo del gasto público. Tampoco regateó el impulso a diversas acciones políticas como las que mezclaron el agua y el aceite con el atole y el champurrado. En gran medida ello produjo lo que podríamos llamar la hegemonía de la política variopinta cuya concepción pudo haber nacido en la época del melquiadismo, cuando el político-político aceptó las sugerencias del economista-político, o sea de Rafael Moreno Valle, época en que éste tuvo la oportunidad de conocer la olla y medirle el agua a los camotes.
Si a lo anterior le agregamos la experiencia electoral del gobernador poblano, más un PRI deteriorado y varios priistas haciéndole al Tartufo, llegaremos a comprender lo que en Puebla fue la gran derrota del PRI: Rafael y su equipo lo deshicieron dejándolo en calidad de caricatura cantinflesca.
El método que según yo utilizó Moreno Valle, concentra las “enseñanzas” y los consejos de tres libracos: El arte de la guerra de Sun Tzu y las 48 leyes del poder de Robert Greene. Mencioné tres porque considero al otro Arte de la guerra, en este caso el de Maquiavelo, mismo que abrevio con uno de sus conceptos: “el mejor régimen político y social se derrumba, como las habitaciones de un magnífico y regio palacio, resplandeciente de oro y pedrerías, cuando carecen de techo o de defensa contra la lluvia”. En este caso esa “lluvia” podría ser los fenómenos naturales de la política, algunos de los cuales (con “techo” o protección incluida) fueron referidos por Rivera, Luna y Ruiz, los periodistas que menciono en el epígrafe.
Al entender las particularidades de ese “arte”, Rafael Moreno Valle prevaleció no obstante la terrible caída de Elba Esther Gordillo y el triunfo de Enrique Peña Nieto. Estaba (y está) preparado para esas y otras eventualidades conocidas o inesperadas. Conoce a su “enemigo” y se conoce a sí mismo. Es un “general” en cuya mentalidad la derrota no existe o si ésta llegara a presentarse la toma como otra oportunidad para conservar, vigorizar y seguir su ruta hacia el máximo poder. Diría el chino filósofo y guerrero referido arriba: “ha usado la mente propia y también la ajena para enfrentar la fuerza bruta personificada en los políticos sin imaginación. Sus planes fueron tan oscuros como la noche pero con la luz de la luna y las estrellas que sus adversarios no quisieron ver, dándole la oportunidad de atacarlos como un rayo después de haber puesto en práctica acciones desconcertantes, como pudieron ser los pre destapes anunciados hasta el hartazgo.
Concluyo:
Rafael Moreno Valle ha tenido la habilidad de construirse la gran panoplia que le permitirá rechazar y escudarse de aquellos ataques que le lancen sus adversarios y enemigos políticos. ¿Cuánto tiempo? El suficiente como para llegar al 2018 como una de las alternativas del PAN y puede ser que hasta de los partidos patiño que acompañan a Gustavo Madero, los cuales en un descuido formarían parte de la estrategia que adopte el próximo dirigente nacional (el que resulte ungido), cuya misión será recuperar el poder y proteger a su partido de las tormentas que sin duda organizará Morena.
Es cuanto…
@replicaalex