martes, 14 de febrero de 2012

¡Gracias Manuel Bartlett!: PRI


Por Alejandro C. Manjarrez
El PRI poblano cambió de escenario en cuanto se formalizó la candidatura a senador de Manuel Bartlett Díaz: ¿qué hacer para enfrentar la desbandada natural que provocaría la atracción del ex gobernador? Se tardaron en resolver el dilema y hasta ayer se manifestó la respuesta de las dirigencias nacional y local.
Antes de entrar en materia veamos lo que sucedió: Bartlett empezó a cosechar lo que hace casi veinte años tuvo a bien sembrar. Llamó a varios de sus ex colaboradores, algunos con cierta influencia entre la base del PRI. Ignacio Mier Velazco y Carlos Meza Viveros, por ejemplo, habían sido dirigentes, uno del comité estatal y el otro del municipal de la ciudad de Puebla. Y lo más importante: ambos son conocedores e incluso fueron partícipes de algunas estrategias electorales. Quiérase que no el regreso opositor de don Manuel empezó a causar estragos a la estructura del Partido Revolucionario Institucional.
La otra aparición que provocó sobresaltos fue la de Blanca Alcalá Ruiz. “¡No la quiero en la contienda!”, dicen que dijo Rafael Moreno Valle basándose en que la ex alcaldesa lo traicionó después de haberse comprometido a dar su apoyo secreto. Junto con este llamémosle espectro electoral, surgió la voz discordante de Javier López Zavala, cuyo propósito fue ubicarse en el primer lugar de la fórmula al Senado o, de lo contrario, boicotear el proceso valiéndose de su propia estructura.
Así el panorama se tornó negro. Los barruntos Bartlett, Moreno Valle, Zavala amenazaron con provocar la catástrofe del PRI. Blanca no garantizaba el triunfo, por el contrario, ocasionaría que otros ex priistas o priistas embozados trabajaran el cobro de la factura que le debe al hoy gobernador. Y lo peor: Enrique Peña Nieto podría perder uno de los estados más importantes en lo que a número de sufragios se refiere.
Pedro Joaquín Codwell, Ranulfo Márquez y Carlos Lastiri Quirós, se tronaban los dedos pensando en cómo domar los ímpetus de Zavala y qué hacer con el compromiso que el Comité Ejecutivo Nacional adquirió con Blanca. Además de preguntarse: ¿cuáles hilos hay qué mover para cubrirse de la tormenta mediática? ¿De qué forma compensar la fuerza de atracción de Bartlett? ¿Si Blanca contendiera por la senaduría, qué hacer para resolver los perjuicios con el sello de Casa Puebla?
Mientras las dirigencias buscaban la forma de resolver los entuertos, se lanzaron a la contienda interna senatorial Fernando Morales Martínez y Alejandro Armenta Mier. El primero diputado federal y el segundo ex dirigente estatal e, igual que Lastiri, conocedor de los intríngulis por los que transitó López Zavala. Sin habérselo propuesto, los dos se convirtieron en la vacuna contra la descomposición que amenazaba a su partido. Y como ha venido ocurriendo desde que Rafael Moreno Valle llegó a este mundo (hace poco más de cuatro décadas), volvió a brillar la estrella de Melquiades Morales para iluminar a quienes encontraron la solución digamos que mágica: confirmar a Blanca como candidato a senador acompañada de Carlos Lastiri, nombrar dirigente del PRI a Fernando, hijo de Melquiades, y darle a Armenta la coordinación estatal de las campañas (en especial la de Peña Nieto). Con estos movimientos se cumple la sentencia aquella de matar cuatro pájaros de una pedrada, a saber:
Primero: la presencia moral y genética del melquiadismo amortigua la reacción anti Blanca a quien, como ya se ha dicho, le tiene ojeriza el titular del poder Ejecutivo; segundo: se controla la estructura que parecía estar bajo la férula de Zavala (Lastiri y Armenta son parte axial en ella); tercero: le dan una sobadita al ego del que fuera protegido y “delfín” del entonces gobernador Melquiades (léase Rafael), y cuarto: tapan los hoyos que produjo el regreso de Bartlett, reaparición que cambió el rumbo de la política poblana.
En parte, por eso Blanca, Fernando, Lastiri, Armenta y otros priistas agradecen la reaparición de Manuel Bartlett.
Twitter: @replicaalex