lunes, 2 de julio de 2012

El “tenebra” electoral


Por Alejandro C. Manjarrez
La oscuridad de la noche suele ocultar fechorías, fealdades y horrores que a la luz del día pueden ser motivo de vergüenza. También es propicia para los momentos íntimos donde, entre otras cosas, surge la verdad encerrada debajo del disfraz que disimula lo malo o aquello que desentona con lo bueno. Ocurre en la vida romántica, igual que pasa en los procesos electorales.
Así como en la noche se eliminan los testimonios comprometedores, se puede, por qué no, “embarazar” urnas, modificar votaciones, comprar conciencias, alterar actas, desaparecer sufragios y anular votos. Todo es cuestión de habilidades, experiencia y complicidades.
“Bendito abstencionismo”
Recuerdo a un candidato a senador que no le favorecía la votación, digamos que normal. Él era priista y su adversario una panista. “¿Qué hacemos?”, preguntó acongojado al experto electoral a su servicio y por ende parte de su nómina. “Vámonos a la Sierra Negra, candidato. Allá cambiamos la tendencia”, respondió sonriente el “mapache”.
Y sí que fue una noche de intenso trabajo en las casillas donde las manos cómplices hicieron válidos los votos que no se cruzaron debido a la falta de votantes y, desde luego, a la suplencia de los funcionarios de casilla maiceados precisamente para que se ausentaran.
“Bendito abstencionismo”, dijo el candidato que pudo revertir la victoria que había festinado la panista.
“Bendita pobreza”, secundó el candidato y financiero de la hazaña.
“Con esta luz aunque nos apaguen la vela”, comentó el corruptor a los representantes de partido, los mismos que alteraron las actas.
Otro caso
Llegó una llamada al comité distrital electoral. La respondió el responsable de la elección quien escuchó la orden del importante servidor público: “El gobernador necesita algunos votos para el Ferrocarril (Así le decían al Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional –PFCRN); quiere que en el Congreso local haya un representante de ese partido. Ponte abusado y métele algunos votos para que se le asigne la diputación plurinominal”.
La misma instrucción escucharon los responsables de otros comités distritales. De ahí que, gracias a ese manejo electoral, el poblano se convirtiera en un Congreso plural y democrático, tal y como lo había prometido el gobernador.
La noche del ingenio electoral
¿Qué pasó durante la noche del domingo 1 de julio y la madrugada del 2 cuando casi todos dormían? No sé, pero para varios colegas resultó fea, horrible y, tal vez, productora de la vergüenza que ocasiona el equivocarse al manejar resultados que parecían definitivos. Puede ser, por qué no, que mientras ellos redactaban sus columnas, en algunos distritos operaba algo parecido al chamuco ése que se mete en las redacciones. Esto porque la elección dio la vuelta y el que estaba abajo terminó arriba y el de arriba acabó en el sótano. Como diría un experto en estas lides: lo que ocurrió fue en la íntima intimidad donde se procrea el monstruo electoral de la noche negra.
Lo que haya acontecido, respetado lector, quedará envuelto en las tinieblas u oculto debajo del disfraz de la democracia. La razón: los únicos testigos son los feos que entre ellos se conocen y, a veces, unos a otros se admiran y hasta presumen de su fealdad. Valga entonces la paráfrasis del cuento de Mario Benedetti (La noche de los feos) para tratar de retratarlos: ellos se miran con ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentan su infortunio, el odio implacable disfrazado del placer, contradicciones propias de quienes sufren por sus propias habilidades electoreras.
¡Ay, voto rural! Cuántas travesuras se cometen en tu nombre.
Twitter: @replicaalex


martes, 26 de junio de 2012

Fin de la República ofendida



Por Alejandro C. Manjarrez
Mal que bien, los candidatos presidenciales metieron a la sociedad en un mundo de propuestas, sueños guajiros, descalificaciones, ocurrencias, odios y amores. Sin habérselo propuesto impulsaron el viraje que desde la década de los 80 buscaron los poderes fácticos asesorados o animados por los gringos “democratizadores”. Se logró así lo que ninguno de sus arcángeles o diablos –depende de quién se trate– habían podido hacer.
La génesis del cambio
Antes de todo este barullo, en la década de los 80, la Heritage Fundation, organización estadunidense ultra conservadora, produjo un documento tan agresivo como invasivo: proponía buscar la forma de poner a México de rodillas para lo cual había que inducir a sus políticos con el fin de que eliminaran los históricos compromisos ideológicos. Hubo entonces dinero a raudales para, decían, promover la democracia en América Latina, empezando por nuestro país. Manuel de Jesús Clouthier del Rincón fue visto con agrado por los conservadores del vecino país. Carlos Salinas de Gortari, su adversario y al mismo tiempo alternativa para el proyecto gringo, representaba, más que al PRI, al neoliberalismo económico abrevado en Harvard. Cuauhtémoc Cárdenas les resultaba el candidato incómodo debido a sus antecedentes familiares y políticos, mismos que no encajaban en el planteamiento de la fundación mencionada.
A la artimaña electorera, por cierto nada democrática y muy infiltradora, se acompañaron acciones mediáticas diseñadas para obligar al cambio político: el consorcio Time-Life-Warner Bothers armó reportajes y produjo el documental sobre la muerte del agente de la DEA, Enrique (Kiki) Camarena, crimen que puso a México en los anales de la corrupción institucionalizada. A pesar de todo y del dinero que se envió a México, Clouthier perdió la elección y Salinas llegó al gobierno para romper los paradigmas de su partido y llevar a cabo la desideologización del Estado mexicano: modificó los artículos 3ro. 27, 123 y 130 de la Constitución, cambios que impulsaron la presencia y crecimiento en México de otras religiones, entre ellas la profesada por la mayoría del pueblo estadunidense. De ahí la paradoja que produjo el gusto de la Iglesia Católica que, sin darse cuenta de la trampa, echó las campanas a vuelo por “haber logrado” el reconocimiento constitucional.
Las sacudidas
Salinas fue “sorprendido” por la guerra que el Comandante Marcos declaró al gobierno mexicano. Manuel Camacho Solís intervino como mediador y convenció a su amigo y jefe para que pactara con los insurrectos dándose la oportunidad de ubicarse ante el mundo como un estadista de avanzada, pacifista y humanista. Pero ni uno ni el otro contaron con la inteligencia del subcomandante que, como lo sugirió Gutenberg, inventor de la imprenta, usó al ejército de 26 soldados de plomo para derrotar al “enemigo”, además de trascender internacionalmente en perjuicio de la fama pública del presidencialismo mexicano, entonces bajo la férula de Salinas.
Se produjeron los llamados crímenes de Estado y fueron asesinados el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, el candidato Luis Donaldo Colosio y Francisco Ruiz Massieu, éste último emparentado con el entonces Presidente de México. La política, el PRI, los políticos y el gobierno priista entraron en el tobogán que los llevaría al desprestigio. Seis años después ocurrió el famoso cambio que tanto presumió el Partido Acción Nacional y también Ernesto Zedillo.
La vergüenza republicana
Llegó Vicente Fox Quesada a la Presidencia, cargo al que le puso las botas y las zapatillas del vaquero dominado por su mujer. Y no sólo mutiló el águila del escudo nacional sino que además castró a la institución republicana para injertarle la nueva figura que él mismo definió como “pareja presidencial”.
A estas alturas, los integrantes ultras de la conservadora Heritage Fundation, deben haberse divertido mucho ante la estupidez que de plano rebasó las expectativas que propusieron en aquel documento, insisto, tan agresivo como invasivo. Y puede ser que hasta Felipe Calderón (al fin abogado) se haya lamentado por el apoyo y el manejo electoral que a favor de Fox promovió el PAN, a la sazón bajo su presidencia y control.
Conociendo a su jefe como tal (mandilón y dependiente de su esposa), Felipe empezó a armar su proceso interno para suplir al Presidente con botas. Supo por dónde caminar y en qué momento retirarse del poder de la “pareja presidencial”. Aprovechó la indignación de los panistas custodios, los de cepa y los tradicionales con el objetivo de ganar la candidatura al máximo cargo del país. Finalmente se puso la banda tricolor gracias a su visión electoral y desde luego al “pequeño detalle” que representó la señora Elba Esther Gordillo Morales, cuyos controles llegaban hasta el mismísimo seno del Instituto Federal Electoral.
Inicio del despertar
Calderón se hizo del poder gracias al apoyo y compromisos signados “de a bigote” con la lideresa del magisterio nacional. Y también por el voto útil que en su nombre y representación negoció Manuel Espino (por aquellos días presidente del PAN) con los gobernadores del PRI, el “Precioso” uno de ellos. Felipe repartió prebendas a espaldas del pueblo e hizo como que la virgen le hablaba para incumplir su promesa de denunciar y consignar a los corruptos, o sea a varios de los gobernadores que, ayudándolo, pactaron su impunidad.
El ruido de la metralla, las cabezas humanas regadas por doquier, los cadáveres colgados, quemados, disueltos en ácido y encostalados, enturbiaron la santa paz que sin duda el Presidente supuso que habría de lograr para pasar a la historia como el renuevo de la patria anhelada por los fundadores de Acción Nacional. A ese terrible fenómeno se adicionó la purga y el congelamiento de algunos panistas incómodos. Y dio inicio el deterioro de la estructura que le había servido durante su larga lucha por alcanzar el poder presidencial.
El estruendo social
"Hace más ruido un sólo hombre gritando que cien mil que están callados", dijo el general libertador José de San Martín. Como si lo hubiesen escuchado empezaron a gritar los jóvenes de México que por su edad estuvieron ausentes de los conflictos no así de las consecuencias. Puede ser incluso que hayan heredado el sentimiento de indignación que produjo ese trayecto negro lleno de crímenes, corrupción, componendas de todos colores, traiciones ideológicas, injusticias y pactos sellados con el moño de la corrupción institucionalizada. Es probable. Lo seguro es que inició el despertar de la sociedad apoyada por las redes sociales. Se hizo el milagro pues.
¿Por quién votar?
Pronto tendremos nuevo Presidente. No importa quién gane porque el que lo haga encontrará a cientos de miles de jóvenes dispuestos a levantar la voz. Sin embargo, aquí le dejo algunos trazos del perfil de cada candidato en el entendido de que la decisión de usted será lo más importante.
Josefina Vázquez Mota carga el fardo que representa el presidente Felipe Calderón, cuyo pasivo cuenta con 60 mil asesinatos sin resolver y 10 mil mexicanos desaparecidos. Esto además de la misoginia del poder político nacional y los errores provocados por la tozudez de su gurú o asesores, gente toda empeñada en dos acciones: la guerra de lodo y el encubrimiento de la corrupción de sus cofrades. De ganar (algo que parece poco menos que imposible) tendría que reinventarse para dejar de ser el objeto político del cual buscan aprovecharse los vengadores de la dignidad perdida en los dos últimos sexenios.
Enrique Peña Nieto soporta el peso del priismo que lleva la marca de la “Escuela Política Edomex”, donde se ha multiplicado el exquisito estilo de Carlos Hank González. Tiene el oficio y talento políticos que legaron a sus paisanos personajes de la talla de Narciso Bassols, Ignacio Manuel Altamirano, Adolfo López Mateos e Isidro Fabela. Empero Peña nos ha demostrado que no es suficiente admirar a los personajes célebres y menos aún conformarse con el entrenamiento digamos que utilitario, ejercicio que nunca podrá suplir a la cultura. Si como lo perfilan las encuestas el triunfa, tendría que abandonar la tradición priista para dar a su gobierno un perfil acorde con las exigencias del sector social informado que está en contra de dar legitimidad a su posible victoria electoral.
Andrés Manuel López Obrador no podrá borrar el origen priista que tanto le ha pesado y que decidió abandonar para repudiarlo hasta el hartazgo. Lleva sobre su espalda los justos o injustos reclamos producto de los actos de protesta inspirados en su estilo que lo ubica en las antípodas de la ortodoxia política. Sus impulsos personales contrastan con sus propuestas de gobierno. Ha sido rebasado por la estrategia que diseñó su tanque de cerebros. Tal vez a eso se deba que un día se muestre bondadoso y fraterno, al siguiente metido en los burgos donde domina el odio, y después retornando al espacio amoroso en el cual, a veces, se maneja con la cola entre las piernas. Va en caballo de hacienda, sin duda, porque aunque pierda seguirá vigente como líder de Morena, la organización que será partido político y quizá la conciencia nacional si los jóvenes lo adoptan y no mete sus manotas el equipo que armó aquel cochinero interno perredista.
Gabriel Quadri de la Torre carga con el pecado de pertenecer al partido de Elba Esther Gordillo, la lideresa en cuya nómina de afectos figuran distintas personalidades del mundo oficial, unos dispuestos al debate más defensivo que ofensivo, otros encantados de dejarse seducir por lo que representa el SNTE, y los menos arrepentidos del origen del cargo que ostentan, mismo que depende del poderío caciquil de la maestra. Pasará a la historia, pero no como político sino como el arma mortal inventada por quien su propia víctima: Elba Esther Gordillo.
Salvo su mejor opinión, yo creo que estamos viviendo los últimos días de la República ofendida. Ojalá.
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domingo, 24 de junio de 2012

Candidatos de utilería



Por Alejandro C. Manjarrez
Siempre aparecen los candidatos cuyo sino es la derrota. Lo curiosos es que ellos lo saben y puede ser que hasta disfruten ese llamémosle masoquismo electoral. Nacieron para perder. O como le ocurrió a Luisito –un maestro de música chiapaneco simpático, bonachón, regordete, amigable y desde luego pendejo–, fueron víctimas del tradicional cultivo yucateco. “Tú eres lo mejor, hermano, porque representas el cambio, la gente te quiere, ganarás porque eres un elegido de Dios”, “tu carisma y experiencia validarán la importancia de la equidad de género”, podrían ser algunas de las grandes mentiras que endulzan la vida del “cultivado” o “cultivada” y dan el tono al seductor canto de las sirenas.
Bueno también hay los tontos útiles que cual perritos hambrientos caen bajo el influjo del hueso que les promete el manipulador en turno, o sea el malvado que nunca falta en cualquier gobierno o partido político: “Éntrale a la candidatura y aunque pierdas ganarás; te daremos un buen hueso o dinero suficiente para que resarzas tu economía”. La muestra más ignominiosa es Juanito, el tonto rentable al que Andrés Manuel López Obrador lanzó al escenario de lo que puede considerarse como otra de las expresiones del teatro del absurdo.
Antes de entrar de lleno al tema aclaro al lector que hay de candidatos a candidatos y de derrotas a derrotas (perdón por el galimatías). En el PAN, por ejemplo, el haber perdido una elección puede convertirse en el plus que formará parte de la experiencia y, por ende, mejorará el currículo del perdedor. Sobran los ejemplos. Empero para los candidatos del PRI y del resto de los partidos, el sello de la derrota casi siempre equivale a un lastre difícil de desechar.
Pipitilla o utilería
Lo que usted acaba de leer sucede en cada proceso electoral. No es nuevo y menos aún exclusivo de Puebla o de cualquier otra entidad. Lo interesante de la elección que está por venir (sin alusión a la frase de campaña de Rafael Moreno Valle, que por cierto le fue fusilada a un candidato estadunidense, igual que la de “abre los ojos”) es que muchos candidatos aceptaron serlo a sabiendas de que perderán hasta el modito de andar. Claro que podría haber excepciones que se salven de ser parte de esa lamentable utilería, los mismos que a cambio de perder y de la vergüenza de actuar como comparsas, tendrán una gratificación en efectivo complementada, tal vez, con un cargo en el gobierno. Pronto lo sabremos pero no lo festejaremos.
Supongo que a estas alturas el lector estará pensando en algunos nombres. Si son los candidatos del Panal no se equivoca porque hasta ahí llegaron varias de las ovejas escapadas del corral del PRI para, en una dolorosa y kafkiana metamorfosis, convertirse en las abejas que por única ocasión picarán, acto en el cual se quedará su “aguijón” y –tal como le sucede al insecto– la vida política digna, provechosa, fértil. Desde luego que también hay excepciones, una que dos.
Poco falta, pues, para que veamos quiénes ganan y cuántos de los perdedores formaron parte de la pipitilla política, personajes cuyo plañir (sincero o falso) habrá de perderse entre la algarabía de los seguidores del candidato que el 1 de diciembre próximo ocupará a la silla presidencial. Haga su lista y diviértase seleccionando a los nacidos para perder.
Pero ¿y quién diablos ganará la elección presidencial?, se preguntará el lector indeciso. Yo creo que será el candidato que sabe que no es lo mismo la demografía que la demoscopia.
Ahí se los dejo de tarea y en la próxima columna les comento por qué da igual que resulte ganador Chana que Juan. A lo peor influyo en su decisión.
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jueves, 21 de junio de 2012

La boñiga del PRI



Por Alejandro C. Manjarrez
Erase una vez una niña inquieta, bonita, inteligente y sensible. El inicio de su vida fue color de rosa hasta que un día los padres de la nena descubrieron su apego al producto de sus defecaciones. “¡No mami, no le jales!”, gritó desesperada la nenita. “¿Por qué lo dices hija, qué te pasa?”, preguntó la sorprendida y acongojada madre sonriéndole a su retoño. “Es que eso es parte de mí, de mi cuerpo, y no quiero perderlo”, respondió preocupada la hermosa mujercita de apenas cinco años de edad.
Aquella digamos que estima excrementicia cesó gracias a la paciencia de los progenitores y al apoyo de las maestras del jardín de niños. Todo volvió a la normalidad y la mierda infantil pasó a ser parte de los drenajes de la gran ciudad.
Viene a cuento este relato escatológico –que por cierto es real y que a pesar de serlo ofrezco mis disculpas por el lenguaje– para tratar de establecer lo que ocurre con algunos candidatos del PRI. Me refiero a los que se niegan a deshacerse de la caca que aún existe en el organismo político al que pertenecen. No la envían a su destino porque la sienten como si fuese parte de ellos, de su esencia, de sus órganos vitales, del partido que los apoyó impulsándolos hasta hacerlos importantes. Uno de los afectados es sin duda Enrique Peña Nieto, candidato a la Presidencia de México. Y la otra podría ser la poblana Blanca Alcalá Ruiz, futura senadora de la República.
El hombre
El heredero del carisma político que hizo famoso a Carlos Hank González, ha sido atacado una y otra vez por sus adversarios. Lo acusan de arropar o apoyarse en figuras que se ganaron a pulso su desprestigio. Sus deslindes equivalen, valga el ejemplo, al papel higiénico que medio cubre el excremento para que nadie lo vea aunque el tufo delate su presencia. Por ello da la impresión que Peña sufre del mismo apego de la niña cuyo entorno color de rosa, como ya lo comenté, se volvía negro en el momento de excretar.
Sería muy malo si la lealtad a esos apestosos personajes conduce la vida del candidato puntero. Y peor porque en su posición Peña Nieto no puede ni debe ser leal a quienes defraudaron la confianza de la sociedad que gobernaron, o la de sus jefes y amigos que confiaron en ellos al delegarles facultades discrecionales para manejar recursos que al final del día se robaron. Tendría que “jalar la cadena” con la intención de que el pueblo (joven, maduro o viejo) no dude de su capacidad y honradez, y los electores que sufragarán el 1 de julio desestimen la guerra sucia en su contra. Lástima que sólo le queden unos cuantos días para hacer lo que debió haber hecho desde que fue postulado como candidato a ocupar el máximo cargo del país.
La mujer
Blanca Alcalá anda en las mismas. Pero no porque ella quiera sino debido a que su partido en Puebla está lleno de mojones, personajes varios que, valga la comparación, forman algo parecido al mitológico establo de Augías –interprétese: del Precioso–, cuadras que ahí estarán hasta que llegue un Hércules dispuesto a limpiarlas, o sea un priista, gobernante o líder, que decida usar el caudal de las aguas limpias para que ellas arrastren y se lleven toda la inmundicia.
Si el PRI logra recuperar la Presidencia de México, lo hará con el lastre que forman los negativos producto del apego que hacia las heces políticas tienen los priistas que hoy dirigen a ese partido. Quizá porque para ellos son tiempos de sumar. O tal vez porque cualquier resta o limpia anticipada pudo haberlos dividido y, en consecuencia, quitarles la oportunidad de regresar al poder.
En fin, la película se está filmando. Esperemos que en ella no aparezcan versiones modernas y adultas de aquella niña inquieta, bonita, inteligente y sensible. Si ello llegare a ocurrir, escucharíamos gritar a los candidatos ya elegidos por el pueblo: “¡No jalen la cadena! ¡No quiero perder lo que es parte de mí, de mi vida!
Entonces sí que estaríamos más que jodidos.
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martes, 19 de junio de 2012

JVM y Lozano Alarcón, ¿en las antípodas?



Por Alejandro C. Manjarrez
Vicente Fox ya había ganado las elecciones cuando en un encuentro casual y afortunado me preguntó Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, cómo veía al nuevo presidente de México. Mi respuesta fue sincera y, ahora lo presumo, hasta profética: “Es un hombre de pocas luces que será rodeado de tipos más inteligentes que él, algunos con buenas intenciones y otros dispuestos a padrotearlo”.
La última palabra de mi respuesta propició que Pérez levantara la ceja y que el resto de comensales se apenara. Los vi acongojados y tuve que disculparme diciéndoles que era la visión del periodista franco y directo. Esta mi sinceridad bastó para que todos participaran en el tema que fue ése, precisamente, las pocas luces de don Vicente.
El caso es que poco después de aquella reunión se dio a conocer el gabinete y entre otros surgió el nombre de Josefina Vázquez Mota, una mujer políticamente desconocida. Parecía alguna de las piezas cobradas por los cazadores de talentos (headhunters) que contrató Fox para formar a su equipo, mismos que fueron descalificados por el resultado.
Pasado el tiempo, el estilo del gobierno foxista permitió a Josefina destacar tanto por su responsabilidad, como por la forma de expresarse: era y sigue siendo asertiva, emotiva, tozuda, trabajadora, responsable y ducha para hablar de corridito; retórica que sacaba (y saca) de quicio a los políticos de oposición, según me lo confesó una de ellos, por cierto talentosa, culta y capaz: me refiero a Rosario Green Macías.
Con la idea de definir lo que considero su peculiar estilo, diré que la candidata del PAN se ha desenvuelto como pudo haberlo hecho un digno representante del pragmatismo, la corriente que, como todos lo sabemos, es ajena a cualquier ideología. Por ello los pragmáticos suponen que la historia, el pensamiento doctrinario e incluso la filosofía son algo así como la parte del pastel; es decir, el “betún” que estorba para alcanzar desde satisfacciones económicas hasta realizaciones profesionales, personales o comerciales. Para ellos la política suele ser el medio, nada más.
Por lo que he escuchado en voz de la candidata me atrevo a decir que se metió a esta contienda con el deseo de realizarse y poner al servicio de la sociedad (pobres, ricos, hombres y mujeres) el pragmatismo que la ha llevado hasta donde hoy se encuentra. Es la razón, creo, de que sus mensajes (cuchi cuchi, la gallina pone los huevos, su lucha contra la corrupción, el sazón de la sopa, mujer diferente, etcétera) la muestren alejada de la intelectualidad que hace confiables a los políticos obligados a conocer nuestra historia para interpretarla y analizarla con un criterio universal, nunca dogmático.
Como le ocurrió a Fox, Josefina también se ha rodeado de todo tipo de asesores y colaboradores, unos bien intencionados, otros chambones y, los menos, capaces aunque, debo decirlo, igual de pragmáticos, tozudos, emotivos, trabajadores y duchos para hablar de corridito, en muchos casos valiéndose de la ofensa y del infundio siempre irresponsable. Me da la impresión que el país, México, para ellos podría representar la realización personal no así la oportunidad de servir a todos los mexicanos, y hacerlo sin tendencias políticas, partidistas y religiosas.
¿Qué va a pasar el 1 de julio?
Falta poco para saberlo. Tal vez pierda Josefina.
En el caso de Javier Lozano Alarcón, candidato a senador por el PAN (primera fórmula), todo parece indicar que aunque la tiene difícil es probable que llegue a la Cámara Alta y que lo haga con algunos de sus positivos y un monton de sus negativos. En el primer caso por su cultura y capacidad profesional. Y en el segundo aspecto debido a que antepuso su espíritu agresivo a la inteligencia que indiscutiblemente le adorna, circunstancia que parece ser la constante si analizamos la última etapa de su trayecto en la administración pública, en especial sus enfrentamientos con los legisladores para él de oposición. Diría Vázquez Mota: le echó demasiada sal a la sopa que tendrá que tragarse.
Lo curioso es que entre Josefina y Javier no hay ningún vínculo o identificación profesional, cultural o afectiva; están en las antípodas pues. Incluso uno flageló a la otra cuando ésta luchaba por la candidatura que hoy ostenta. Y si nos remontamos al pasado reciente, encontraremos que mientras la panista se rasgaba las vestiduras por la pareja presidencial, Lozano militaba en el PRI con la intención de ser diputado, aspiración que no concretó debido a que el voto le resultó adverso. ¿Mala suerte, mal fario, mala leche? Pronto sabremos si aquello fue casual o si también es la constante.
Twitter: @replicaalex

domingo, 17 de junio de 2012

Bartlett y AMLO, ¿dinosaurios?



Por Alejandro C. Manjarrez
Si usted piensa que Manuel Bartlett Díaz es un dinosaurio, entonces incluya en esa especie política a Andrés Manuel López Obrador. No importa la diferencia de edades entre ambos (dos décadas). Lo que los identifica es su ideología apegada a los principios que son esencia de la Constitución Mexicana, para muchos políticos, un documento también procedente del Jurásico.
Por eso sus coincidencias.
Y de ahí que uno haya aceptado la invitación del otro para, unidos con el grupo PT-PRD-Morena, luchar por la recuperación de esos principios, precisamente.
Esa es una de las razones que preocupa a la derecha cuya inspiración puede ser la doctrina religiosa o las propuestas del capitalismo salvaje, da lo mismo. Uso el adjetivo porque un capitalismo sin la vinculación social es definitivamente salvaje. La muestra: el caos económico mundial.
Vuelvo a la Constitución:
Es sabido que cuando se promulga (primer cuarto del siglo pasado) surge como la primera Constitución que incluyó los derechos sociales, por cierto aún vigentes. Y no sólo eso: algo pasó con nuestra Carta Magna porque su, digamos que filosofía, representó y representa la única alternativa para mejorar la economía internacional (algunos la llaman “tercera vía”). Esto siempre y cuando, que conste, a los genios del capitalismo les caiga el veinte y decidan socializar la economía. Y aquí me valgo de lo que dijo George Soros en 1999, criterio que sigue siendo válido:
“La situación actual es poco sólida e insostenible. Los mercados financieros son intrínsecamente inestables y existen necesidades sociales que no pueden satisfacerse dando carta blanca a las fuerzas del mercado”.
Esas fuerzas están representadas en México por los partidos que priorizan el bienestar de los hombres del dinero, olvidándose de las necesidades de los pobres a quienes ven como un potencial mercado para hacerlo consumidor de chatarra, la que sea, comestible o televisiva. Pero ¿cómo diablos explicárselo a los electores saturados y por ende hartos de tanta boñiga propagandística, sin caer en lo que esos productores de estiércol llaman populismo?
Es difícil responder semejante duda, como también lo es convencer a los conservadores que defienden su política económica siguiendo el método de los déspotas ilustrados (siglo XVIII), cuyo argumento para ignorar al pueblo se basaba en, según ellos, tomar determinaciones que favorecieran a la masa social, razón por la cual aumentaron los pobres y se incrementó la desigualdad y la injusticia, igual como ha sucedido en esta época.
En fin. El tema de la columna es la condición y coincidencia de esos dos dinosaurios catalogados así por su tozudez en la defensa de la entraña, eje o columna vertebral de la nación mexicana. Bartlett busca ser un senador digno, mientras que AMLO quiere convencer a la sociedad para que con su voto lo hagan presidente de México. De concretarse esta segunda opción, por primera vez el pueblo, los pobres, estarían representados por alguien que se debe a ellos. Y no por esa deuda que se ha comprometido saldar –él así lo ha dicho– se alejará de los otros, o sea de los empresarios, industriales, comerciantes y banqueros.
Igual como coincidieron los constituyentes de 1917, inquietos todos por encontrar lo que al final de la jornada se plasmó como la Ley Suprema que integraba los anhelos sociales, los jóvenes de hoy –quizá sin saberlo a ciencia cierta– se descubrieron para después vincularse con la necesidad de mejorar al país, tanto en materia educativa como en la justicia social que es el concepto axial de nuestra Constitución. Lo interesante de este fenómeno es que la mayoría de ellos volteó a ver hacia la generación que pronto habrá de extinguirse. Tal vez captaron la energía de esos “viejos” dispuestos a servir de puente generacional, pensamiento que desde hace años flota en el ambiente esperando –supongo– que lo capten los cerebros que por nuevos reciben mejor las señales.
¿Qué han hecho los otros candidatos? ¿Lograron comunicarse con el pueblo? ¿Sus propuestas beneficiarán a la sociedad en su conjunto? ¿Son emisores capaces de generar ideas y compromisos que convenzan a los nuevos receptores?
En la próxima entrega hablaré de Josefina Vázquez Mota y, para seguir con el formato, del candidato a senador Javier Lozano Alarcón. Ya veremos en qué coinciden ambos personajes y si con sus propuestas convencen o asustan al pueblo.
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jueves, 14 de junio de 2012

Y el PRI regresará al poder



Por Alejandro C. Manjarrez
Buena o mala, la del PRI es una “gran escuela”.
De ella han salido políticos de provecho o perjudiciales o simplemente esos que pasan del útero a la tumba sin más gloria que la de haber vivido del trabajo del pueblo. Por esta razón hoy existen candidatos pillos unos, mediocres otros y maletas muchos, personas cuyo objetivo es obtener un cargo de elección popular para, en algunos casos, gozar de la impunidad proveniente del fuero legislativo y, en otros, seguir pegados a la ubre del presupuesto nacional.
Como verá el lector, no descubro el hilo negro razón por la cual sobraría apuntar nombres harto conocidos. Usted ya sabe quiénes son.
A donde quiero llegar con esta breve introducción, es a lo que pasa en Puebla, la heroica entidad que por los hechos inéditos que vivimos, ya debería ser parte del récord Guinness, o de perdida figurar en los anales de Ripley (“aunque usted no lo crea”). La razón: los excelentes resultados que ha tenido la “universidad priista”.
Los que enseguida menciono sólo son algunos de los casos que apoyan la idea del Guinness o del Ripley, o de los dos reconocimientos al mismo tiempo faltaba más:
Javier Lozano Alarcón, Manuel Bartlett Díaz, Enoé González Cabrera y Víctor Hugo Islas, son los candidatos por distintos partidos que contienden por un escaño senatorial. Ellos, que como priistas mamaron la ideología de ese partido, se enfrentan a Blanca Alcalá Ruiz y a Lucero Saldaña éstas sí priistas en activo.
Como verá el lector tenemos en Puebla a seis candidatos para el Senado, de los cuales, los que resulten electos o favorecidos por el sufragio universal o la matemática electoral, serán ex priistas o miembros de ese partido.
¿Le parece poco?
Si su respuesta es afirmativa entonces agregue a la propuesta para el Guinness o Ripley, el nombre y función pública del mandatario Rafael Moreno Valle, quien a pesar de que no contiende, influye y mucho dado que es un ex priista y panista de nuevo cuño, además de padre intelectual de un nuevo partido de ex priistas.
Vemos pues que de una u otra forma en Puebla, lo que se llama pluralidad –esencia de la democracia que vio la primera luz en Grecia– estará representada en el Senado de la República por ex priistas o priistas en rebeldía, además de ser gobernada por un panista cuyo origen y proyección se la debe precisamente al PRI.
Lo anterior me lleva a preguntar: ¿y usted por quién votará? La respuesta es simple: por el PRI. O para no enojarlo diré: por un candidato que se formó en el PRI.
Lo curioso es que lo mismo ocurre con la lucha por la Presidencia de la República. Andrés Manuel López Obrador fue miembro distinguido del PRI, igual que varios personajes de su equipo. Y qué decir de Enrique Peña Nieto, heredero de la prosapia cuya cuna está en Atlacomulco, la tierra de ilustres personajes, y también lugar en el que hace 10 mil años habitaron mamuts y mastodontes, por no llamarlos dinosaurios.
La alternativa para los que aborrecen al PRI sería el Panal. ¿Y qué creé? También tiene su origen en el PRI, aquel otrora partidazo que hizo diputada y líder de su camada en el Congreso de la Unión a doña Elba Esther Gordillo Morales. Es obvio que no ignora que la mayoría de los candidatos de este partido igual son ex priistas.
Dirá alguno de mis sufridos lectores: entonces votaré por el PAN y su candidata, doña Josefina Vázquez Mota. Es su decisión, coherente por cierto. Sin embargo, lo malo –según dicen los exégetas políticos cuyo criterio se basa en la demoscopia– es que ese voto ayudará a los candidatos de Morena y del PRI que andan disputándose desde el voto útil hasta el sufragio de los indecisos.
Concluyo y asumo el riesgo del enojo que podría causar este remate:
Al final del día, alguna de las versiones del PRI, la rebelde o la sumisa, retomará el poder.
Twitter: @replicaalex