domingo, 29 de junio de 2014

Las fobias de Moreno Valle (1)


El pacto
Por Alejandro C. Manjarrez
No se hizo el “milagro” y la vida pública vuelve al carril construido por el poder con el apoyo de los medios de comunicación masiva. Así que una vez concluido el impasse ilusorio que inspiró la participación del Tri en el Mundial de Brasil, regreso la vista a la cancha de la política donde el otro combinado, el que forman los mañosos, convenencieros, mafiosos, omisos y uno que otro ingenuo, se ha arrogado el derecho de diseñar el México que conviene a sus intereses personales y electoreros.
Puebla, SA de CV

Nos quedamos pues en que Marcelo García Almaguer se hizo cargo de la comunicación institucional del PAN. Es obvio que se trata del movimiento propio de la estrategia de Rafael Moreno Valle, amigo, guía, jefe y paradigma de una docena de poblanos (espero no haber exagerado en el número de cercanos): la sucesión del 2018.

Con esa acción que despide el hedor de la maña, Gustavo Enrique Madero Muñoz podría convertirse en el eslabón que una parte de la cadena construida por Rafael (nótese el beneficio de la duda). Me refiero al proyecto político “a perpetuidad” concebido por el propio gobernador de Puebla quien, como sabemos, ya incluyó a Martha Erika Alonso Hidalgo, su esposa, en el Consejo Nacional panista con la obvia intención de hacerla diputada federal. Y aunque estén fuera de las entrañas de Acción Nacional, tanto Luis Maldonado Venegas como Cabalán Macari Álvaro, Tony Gali Fallad, Eukid Castañón y hasta el devaluado Jorge Aguilar Chedraui son, de hecho, otros de sus operadores políticos de confianza (dos de ellos, también financieros).
El anterior es sin duda un escenario “hermoso”. Y sería “perfecto” si Marcelo —el hermano imaginario de Rafael— no hubiera sido incrustado en el equipo de Madero. Imagínese si al regio o güerco se le ocurre aplicar en el PAN nacional el esquema que asestó a la prensa poblana: transformaría en paráfrasis (o réquiem) las palabras de Moreno Valle, frase que soltó después de haber protestado el cargo que hoy ejerce para regodeo de los empresarios (ningún poblano) insertos en el esquema morenovallista. Dijo Moreno Valle: si llegué a ser gobernador con la prensa en contra, no la necesito para gobernar.
Con esta que podríamos llamar fobia, Rafael aisló a su gobierno de los comunicadores libres y cooptó a casi todos los propietarios de medios de comunicación. Supuso que la Puebla mediática era un circo y que por ello le resultaría mejor negociar con sus dueños. Pero le falló porque los verdaderos periodistas sacaron la casta y mostraron que están comprometidos con la sociedad, por cierto, curiosamente, también motivo de los desaires del mandatario.
Periodismo incómodo
Por esos periodistas comprometidos con el oficio, nos hemos enterado de los actos del poder que rayan en la corrupción. Por ejemplo: la obra pública que se transformó en privada (PPSs); las deuda pública disfrazada con los arrendamientos a largo plazo; las asignaciones de concesiones y contratos multimillonarios sin mediar la correspondiente licitación; la opacidad en la aplicación de la partida del Ejecutivo (compra, renta y/o arrendamiento de helicópteros, por citar un caso); el control vía gratificaciones de los diputados, los mismos que en un descuido podrían legislar para que las flatulencias del gobernador fuesen patrimonio cultural e histórico de la clase política emergente; la compra de la simpatía de los delegados (hay excepciones) a través, verbigracia, de comodatos u obsequios de parque vehicular; las compensaciones ocultas (opacidad administrativa) asignadas a los funcionarios de primer nivel; los convenios publicitarios con los medios de comunicación masiva, contratos cuya esencia trasgrede la ética comercial e incluso el estatuto electoral; la mano negra que, por citar un caso, produjo la salida del CAIP de Blanca Lilia Ibarra Cadena; el manejo de la ley para encarcelar a los líderes sociales que se oponen a las determinaciones del gobierno estatal; la presión extra judicial contra presidentes municipales que ejercen su autonomía; y otros hechos más que sería prolijo enumerar.
Escribí en la primera línea del párrafo anterior la frase: “raya en la corrupción”, basándome en la secrecía que rodea a ciertas acciones administrativas y políticas, como pudiera ser el control de los partidos, la asignación de curules, el nombramiento de candidatos, la entrega de participaciones y el manejo heterodoxo de programas asistenciales de los gobiernos federal y estatal. Aún no es tiempo de aseverar que la haya, pero tampoco lo es para garantizar que no exista. Sin embargo, el constatar cómo se oculta el fondo de las acciones de gobierno, permite suponer que la honradez como tal no existe. En fin.
Dijo William Shakespeare que ser honrado, tal como anda el mundo, equivale a ser un hombre escogido entre diez mil. Si el dramaturgo viviera en nuestra época, seguramente ya estaría escribiendo una comedia o tragedia sobre la política mexicana. Comedia, porque el actuar de algunos hace reír. Y tragedia, debido a que otros actúan con miedo a que se conozcan sus secretos, malaventura que adelantaría su fracaso.
Habría que agradecer a Rafael Moreno Valle su actitud hacia la prensa, pues sus acciones chambonas impulsaron al periodismo de Puebla. Vaya, hasta la política podría salir beneficiada cuando haga su efecto el abono orgánico sembrado en suelo poblano: podríamos ver los frutos sanos y sólidos que el pueblo anhela.
@replicaalex

miércoles, 11 de junio de 2014

Política y periodismo





por Alejandro C. Manjarrez 

"Desde el primer día de gobierno, Rafael Moreno Valle mostró interés en cambiar lo que él pudo haber visto como el estereotipo rústico de la provincia mexicana. De ahí su preocupación por maquillar a la capital y vestir al estado con una obra pública moderna, cara pero eficiente y tan digna como vanguardista. Lo malo es que semejante inversión resultara contrastante con la pobreza que mantiene a la entidad en una lamentable posición estadística (según Coneval --2012-- el cuarto estado con mayor pobreza y séptimo en marginación). Este empeño en el que incluyó la privatización de las carreteras y el usufructo de los bienes públicos, rebasó las expectativas de los sorprendidos gobernados y sacó de su modorra a los celosos vigilantes de nuestro patrimonio histórico. Unos asombrados por la rapidez y urgencia por construir lo que habría de servir como símbolo arquitectónico de los 150 años de la Batalla de Puebla. Y los otros indignados debido a que nunca fueron consultados ni tomadas en cuenta sus opiniones a priori y posteriori, dictámenes relativos a la conservación de la herencia histórica que, entre otros galardones, dio a Puebla el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad. El choque frontal del poder concentrado en un gobernante, contra la opinión pública opuesta a la manipulación mediática que acostumbra el gobierno, el que sea.

La prensa también formó parte de esos desacuerdos o contradicciones. Primero porque se la consideró pastoril, pueblerina y por ende estorbosa, rebasada e inservible: no encajó con el “alto perfil” político y social del titular del poder Ejecutivo. Y segundo porque resultó incómoda y molesta en virtud de su apertura y libertad para actuar, al principio obligada por el trato a veces ofensivo y después entusiasmada por haber "descubierto" el papel crítico que exigen los lectores. Podríamos decir que Moreno Valle se transformó en algo parecido al doctor Frankestein ya que formó la criatura que se rebeló contra él, su 'creador'.

Eso fue parte de lo que pensó la mayoría de los trabajadores de los medios de comunicación escrita y también electrónicos cuyos propietarios, según trascendió, aceptaron limitar la libertad de expresión de sus comunicadores y periodistas, condición sine qua non para firmar los llamados convenios de publicidad.

En fin.

La 'política y el periodismo', como se intitula este capítulo, es un tema amplio e interesante debido a las sombras que originan el alto contraste que da más luz a la libertad de prensa. Por ello dejan de ser anecdóticos los ataques menores o graves --depende en cuál espacio de poder se hayan concebido-- y pasan a ser parte del hito plasmado en nuestras historias. La ventaja es que al final del día los gobernantes siempre quedan expuestos, e incluso como si fuesen réplicas mal hechas o superadas del molde que troqueló la política de comunicación de, por ejemplo, Gustavo Diaz Ordaz..."

Estas son, pues, algunas de las líneas que forman el libro La Puebla variopinta, conspiración del poder. Las traigo a cuento para que el lector tome nota de que en unos días podrá adquirirlo (está en impresión), igual que la novela ya impresa intitulada El poder de la sotana.

Son trabajos que han requerido toda mi atención (soy mi propio editor), circunstancia a la cual le debo el haberme alejado un poco de la columna, ejercicio que estoy a punto de retomar. En esas andamos.

acmanjarrez@hotmail.com
@replicaalex

domingo, 25 de mayo de 2014

La “Ley Bala”, ¿receta del abuelo?


 

Por Alejandro C. Manjarrez
Rafael Moreno Valle regó el tepache cuando firmó la iniciativa de ley que su cuerpo jurídico le pasó, ordenamiento conocido como “Ley Bala”. Tal vez se le olvidó que ese tipo de medidas son antipopulares, además de inútiles y peligrosas debido a que permiten que los policías usen su “criterio”. O quizá fue el gurú consentido quien le dijo que con ella ganaría el aplauso de Enrique Peña Nieto. En fin.
No conozco a ciencia cierta la motivación para legislar la llamada Ley Bala; sin embargo, imagino que ésta encajaba perfecto con otras determinaciones, como la de encarcelar a los líderes sociales opuestos a los programas de los gobiernos federal y estatal. Y también que cerraba la pinza abierta desde que los diputados morenovallistas firmaron el decreto (algo así como el mátalos y después viriguas) que limita el derecho de ampararse contra la expropiación de tierras, acto decretado para no frenar el desarrollo de la entidad (eso sugería uno de los “considerandos”).
Salta a la vista, pues, que aún no aparece por Casa Puebla el pajarito consejero. Y que el mandatario poblano no ha pensado en contratar a quien haga lo que el soldado aquel que decía al oído de los generales romanos: recuerda que eres mortal “y puedes cometer pendejadas” (el entrecomillado es apostilla del columnista). Son ausencias que se deben, creo, a que nuestro gobernante es un hombre de pocas pulgas y, por ende, proclive a rechazar cualquier consejo o sugerencia que distorsione el eco de su voz. De ahí que esté rodeado de personajes dóciles y leales a su causa y, en consecuencia, ajenos al interés de los ciudadanos que trabajan, sufren, pagan impuestos, sudan la gota gorda y se rompen la madre para que los burócratas pirrurris puedan cobrar su quincena y otras prestaciones, retribución que reciben por ejercer la responsabilidad conferida por el poder público, y no precisamente para premiar su comodina actitud, desarraigo y desconocimiento sobre Puebla.
Las piedras de la experiencia
Son varias las razones que propician las llamémosle burradas políticas; a saber:
Una: desconocer la historia del pueblo que se gobierna.
Otra: rodearse de corifeos especializados en ponderar y aplaudir las acciones del jefe y de vez en cuando hasta elogiar el tufo de sus flatulencias.
La tercera: la falta de criterio y sentido común de los diputados de confianza (la mayoría), característica que, de existir, les permitiría discrepar para opinar, corregir y sugerir cambios a las iniciativas de Ejecutivo.
La cuarta: menospreciar las protestas sociales, sean cuales fueren.
La quinta: atentar contra la inteligencia de los gobernados.
Y la sexta: usar el poder para mandar mensajes sicilianos.
Sobra abundar sobre otros de los factores negativos que el lector conoce y recuerda bien. Prefiero traer a colación una de las experiencias del poder, acto digamos que positivo. Para ello me valgo de la cita de un fragmento de mi libro en proceso de publicarse (La Puebla variopinta, conspiración del poder), relato que, según yo, muestra la ventaja de saber preguntar y escuchar para evitar los errores que por sangrientos vulneran al poder. Va:
Entre otro de los recuerdos amargos que podría tener Jiménez Morales, está la matazón que durante meses ocurrió en el municipio de Huitzilan de Serdán. Esta violencia abrió las páginas de la historia política de Puebla a Antorcha Campesina, organización que años después Manuel Bartlett definiera como el hijo incómodo del PRI. Un testigo presencial me confió lo que podría ser el banderazo de la carrera que emprendió Aquiles Córdova Morán, dirigente antorchista. Aquí la confidencia:
Palabras más, palabras menos, en una de las reuniones de seguridad se trató el conflicto que había causado dos centenas de muertes:
—Hay que enviar a la policía —instruyó enfático Guillermo a uno de los jefes policiacos después de enterarse del conflicto que llevaba meses—. ¿O tú qué opinas? —se le ocurrió preguntar a Gustavo Abel Hernández, su coordinador de asesores.
—Con todo respeto, Señor —respondió Gustavo—, cualquier enfrentamiento que ocurra, las víctimas culparían al gobierno y la prensa lo señalaría a Usted como un gobernador represor. Ya llevan más de doscientos muertos, Gobernador, entre ellos muchos niños y mujeres; todos enterrados de manera clandestina.
— ¡Ah cabrón! ¿Y entonces qué sugieres? —reviró preocupado el mandatario.
—Si Usted me autoriza le pido al grupo Antorcha Campesina que nos eche la mano…
Y así fue: los antorchos intervinieron en Huitzilan para resolver el problema, no como brazo armado del gobierno sino como grupo político que aprovechó la coyuntura para fortalecerse. Gracias a ello el mandatario evitó el desgaste de aparecer en la prensa como un gobernante represor y autoritario a cambio, desde luego, de ser considerado como impulsor de grupo de Aquiles.
De sabor amargo
El equívoco de Moreno Valle, error apoyado por sus diputados (Ley Bala), produjo una negativa reacción mediática nacional e internacional, respuesta que incluyó varios cartones en los medios nacionales y miles de líneas ágata en información y editoriales. El tratamiento de la noticia obligó al gobierno a recular ipso facto. E hizo que su gurú —o sea Luis Maldonado Venegas— acudiera a los medios electrónicos para tratar de justificar lo que al final del día quedó como un galimatías legislativo de dudosa autoría intelectual.
Al llamémosle colapso mediático, podrían seguir otros igual o más intensos si Rafael Moreno Valle Rosas permanece montado en su macho, igual que como le pasó a su abuelo, el general-gobernador, cuando confió en que la policía armada resolvería el conflicto social de Huehuetlán en Chico aplicando su criterio, precisamente.
@replicaalex

 

 

martes, 20 de mayo de 2014

Moreno Valle, en el piquete dejó el aguijón



Por Alejandro C. Manjarrez

La actitud de los panegiristas de Rafael Moreno Valle, obliga a reflexionar sobre lo que parece una conspiración de altos vuelos. Una conjura que incluye la manipulación del poder y el menosprecio a la inteligencia, incluida la que se manifiesta en las redes sociales y los medios de comunicación que nunca podrán ser comprados o alquilados.

Bastó el triunfo pírrico de Gustavo Madero Muñoz para que esos aduladores dijeran: el gobernador de Puebla será el próximo presidente de México. Vaya arrebato. Es obvio que la superficialidad predomina en las plumas y voces contratadas ex profeso para que halaguen a quien podría retribuirles por endulzar sus oídos y acariciar su ya de por sí manoseado ego. En fin…

Enseguida leerá usted por qué digo lo que digo en estos momentos en que los decires son producto de los dichos promovidos por quienes han hecho de la bobada su modus vivendi. Y sí, se trata de eso, un galimatías político cuya explicación puede ser tan obvia como el proyecto que ha emboletado a decenas de aspirantes deseosos de ser amigos cercanos de quien suceda a Enrique Peña Nieto. De ahí que consideren la coyuntura como una grandiosa e irrepetible oportunidad.

Pero como dicen los clásicos, empecemos por el principio:

Rafael incluyó a Gustavo en su proyecto personal desde el momento en que concluyó el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa. Acción Nacional había perdido y caído al vergonzoso tercer lugar, circunstancia que a Moreno Valle le permitió presentarse como el salvador que pondría al servicio de los panistas su influencia natural y, obvio, los recursos económicos y humanos bajo su arbitrio, incluidas las redes electorales que había venido construyendo desde que fungió como secretario de Finanzas y Desarrollo Social de Melquiades Morales Flores, su maestro en ese tipo de lides. Por ello Madero no tuvo empacho en dejarse querer y, en algunos casos, llevar agua a su molino valiéndose de los “burritos” del morenovallismo electorero. Abrió su mente norteña para adoptar sin remordimiento ni vergüenzas los consejos y/o recomendaciones que pudo haberle hecho el war room de Casa Puebla. Por ejemplo:

Cambiar el método de elección interna con la intención de conservar el control del partido, después, claro, de reducir o limpiar el padrón panista (entre menos burros más olotes, hubiese dicho Porfirio Díaz, detractor del tío abuelo de Gustavo).

Lo que Madero concibió motu proprio, tal vez consultándolo con el daimon de la familia, fue aprovechar su participación en el Pacto por México, decidido a propiciar el consenso que necesitaba Enrique Peña Nieto y, en consecuencia, negociar la reforma política, cambios que al final de cuentas proyectaron su liderazgo. Esto último le hizo indispensable ante el poder presidencial, útil en el proceso de las modificaciones constitucionales y, al mismo tiempo, un político confiable para el proyecto de Peña-Videgaray-Osorio.

Logrado el éxito en ése su propósito político, empezó a quitarse el lastre que significaba la dupla senatorial conformada por Ernesto Cordero y Javier Lozano Alarcón. Usó su autoridad partidista y retiró del liderazgo a quien era y es su crítico y detractor; sabía que, de acuerdo con el proyecto calderonista, Cordero se convertiría en su adversario en la lucha por el control del PAN. Captó, pues, que en esta contienda contaría con el apoyo moral del Presidente de México en cuya expresión sonriente suele ocultarse la incomodidad y rechazo político que sin duda captó el senador Cordero.

Rafael Moreno Valle también lo supo y con esa confianza (tal vez hasta sugerencia de Bucareli) puso a las órdenes de Madero el equipo electoral que incluye el control de muchos priistas, perredistas, panalistas y otros variopintos ubicados en varios membretes políticos. Incluso, cuando los diputados del blanquiazul vinieron a Puebla, usó su encanto para seducirlos ofreciéndoles desde su amistad hasta el apoyo que requiriesen en momentos de crisis políticas, existenciales y económicas (este último punto fue en mensaje subliminal, obvio).

Todo este llamémosle barullo político equivale a quemar pólvora en infiernitos debido a que la presidencia de Madero sólo durará quince meses. O sea el tiempo suficiente para el acomodo de candidatos a la diputación federal (2015), acción en la que Moreno Valle meterá su mano (necesita ampliar el grupo de corifeos). Después, distintos pajaritos cantarán y otro será el dirigente de un Partido dividido por tanto manoseo.

Felipe Calderón podrían andar por ahí aconsejándole a sus amigos: “Déjenlos, que nos den por muertos. Como dijo MacArthur: regresaremos para quitar la plaza a quienes nos traicionaron”.

¿Rafael Moreno Valle? 

Hay les platico.

Mientras les adelanto que el gobernador de Puebla emuló a las abejas porque en el piquete dejó el aguijón.

Nota al margen: si le interesa mi novela El poder de la sotana, haga su pedido al 6162059.

acmanjarrez@hotmail.com
@replicaalex

miércoles, 30 de abril de 2014

Patricia Kurczyn Villalobos, nueva comisionada del IFAI



Por Alejandro C. Manjarrez

Al enterarme de su designación aprobada por el Senado de la República, recordé este pasaje que le comparto, mismo que (vuelvo a la auto promoción) forma parte de mi libro próximo a publicarse cuyo título es: La Puebla variopinta, conspiración del poder. Va:

Pata, como la llamaba en público Mariano, había sido directora de la cárcel de mujeres ubicada en Santa Martha Acatitla, delegación Iztapalapa del Distrito Federal. En una de esas reuniones poblanas tensas para Patricia dado que su estilo entonces laxo contrastaba con la forma de ser de las señoras del jet set (barroquismo social), la entonces primera dama del estado jugaba con la semántica para hacer referencia a su conocimiento de las mujeres encarceladas, víctimas unas y victimarias otras. Su tema preferido fue el caso de Linda, la viuda de Carlos Denegri, a quien decidió asesinar porque, según su dicho, estaba desesperada y harta por tanta ofensa y el mal trato al que durante años la sometió: “Cuando estuve en la cárcel…” era el proemio preferido de la hoy doctora Patricia Kurczyn Villalobos, mismo que dejaba inconcluso para poder disfrutar de las caras de sorpresa de sus anfitrionas. Después de una larga pausa aclaraba la razón de esa estadía y platicaba lo que vio y escuchó en aquel penal. El homicidio perpetrado por Linda, uno de esos casos, quizá su preferido en razón a la historia de aquel periodista.

Para beneficio de Linda, gran parte de la sociedad justificó el crimen. La fama pública del autor de la columna Miscelánea (Excélsior) fue la causa de semejante consenso. Denegri fue “el mejor y más vil de los reporteros”, según dijo Julio Scherer en uno de sus libros. Era la envidia de los periodistas de la época, escribió Mosiváis en alguno de sus extraordinarios ensayos. Fue un pésimo ser humano que hasta en su muerte se llevó las ocho columnas, coincidieron las notas de la prensa de los años 70.
Dato curioso: la vida de Denegri motivó a Salvador Novo a escribir una obra de teatro premonitoria: Ocho columnas (1950). En ella el protagonista principal es el periodista más corrupto e influyente de México, el mismo que años después se convertiría en tema de tertulias como las animadas con las anécdotas de Patricia. Novo, quizá, se inspiró en el método usado por Orson Welles para criticar el poder periodístico de William Randolph Hearst. La paradoja de esta historia es que Novo también usó su endemoniado ingenio para ofender a quienes quiso, individuos que en su mayoría lo cortejaron para evitar otra de sus sarcásticas y demoledoras menciones. Presumió e incluso ofendió con su homosexualidad, género que él mismo definió como mariconería.

Concluyo pues esta digresión con uno de sus sonetos anticipándome con mis disculpas a las buenas conciencias, del sexo que fueren:

Nos volvemos a ver. Año tras año

soñé con encontrarte en mi camino.
¡Sol de mis ojos, luz de mi destino!
¿No quisieras, mi bien, tomar un baño?

Nos encontramos uno al otro extraño:
Gordo tú, flaco yo -¡mundo mezquino!
Y me complace ver -¡oh, desatino!
que hay cosas que no cambian de tamaño.

Te quiero como antaño te quería:
con pasión, con dolor, con amargura,
cual si este siglo hubiese sido un día.

Quiero corresponder a tu ternura:
levanta tu barriga, vida mía,
que me voy a quitar la dentadura...

Con el paso de los años Patricia dejó de ser identificada como la cónyuge de Mariano Piña Olaya, para convertirse en una de las mujeres cuyo brillo personal y profesional la ubicaron en el escenario nacional. Desde ahí, en el IFAI, podrá enriquecer la fama pública del grupo de consejeros que la acompañan en ese nuevo e importante encargo. De aquí en adelante la transparencia será su sino. Y el pasado una parte de las anécdotas de su vida, algunas incómodas, como las de su marido, y otras enriquecedoras, las que, tal vez, ella protagonice.

acmanjarrez@hotmail.com
@replicaalex


miércoles, 9 de abril de 2014

El poder de la sotana






De esto trata mi novela:


Este libro fue inspirado en los actos, acciones y costumbres consideradas como secreto de Estado debido a su trascendencia política y religiosa.

En el primer cuarto del siglo XX, el Clero adoptó al diablo que --sugiere el poeta Ramon López Velarde-- es dueño de los veneros de petróleo. De ahí que el arzobispo José Mora y del Río decidiera luchar con las armas para derrotar a Plutarco Elías Calles, representante del poder civil, entonces en proceso
de legitimarse como tal.

El sexo, combinado con el espionaje y contraespionaje de las partes en conflicto, es el hilo conductor de la narración basada
en hechos reales.

México, Estados Unidos, la Iglesia, el crimen, la música, el genio, la locura y el amor, se entreveran para dejar la huella que
trascendió al tiempo.

En esta historia novelada aparecen varios de los héroes anónimos que usaron su inteligencia para aguar la fiesta al gobierno del vecino país del norte, a la sazón condescendiente con el poder económico de sus connacionales y el entreguismo de la jerarquía católica mexicana.

La vida de los personajes creados por el novelista, coincide con la existencia de algunos de esos héroes ignorados que convivieron con los protagonistas de México. Unos y otros se relacionan. Y en ese encuentro surge la verdad que no aparece en la historia oficial.

Los vaticinios aquí plasmados se sustentan en hechos reales, sucesos que sin duda volverán a repetirse debido a que el desconocimiento de la historia propicia su reincidencia.

La trama de esta novela lo llevará de la mano hasta ubicarlo ante la cruda actualidad mexicana, días dominados por la nota sangrienta que, por desventura, podría llegar a enlutar la vida de la República.

Pedidos y forma de pago:
6162059
acmanjarrez@hotmail.com.

lunes, 7 de abril de 2014

Historias de la BUAP (1)



Por Alejandro C. Manjarrez
—A ver, para ustedes ¿cuál es la universidad de México que garantiza el éxito de los jóvenes emprendedores? —lanzó uno del grupo de profesionistas variopintos reunidos en un café de la ciudad de Puebla.
Se hizo el pesado silencio que me dio la oportunidad de hurgar en los rostros con el propósito de adivinar cuál sería la respuesta. Percibí en cada uno el deseo de ponderar a su alma máter. Pero nadie quiso hacerlo quizá para evitar el rechazo o el reclamo del resto. De repente las miradas de los cuatro académicos se centraron sobre mi persona como si se hubiesen puesto de acuerdo para buscar una opinión imparcial. Sentí el peso visual y por ende un complicado compromiso. Intenté decir que yo sólo era un invitado casual, de piedra y ajeno a esa digamos que disputa especializada. Sin embargo, me ganó el deseo de aprovechar la oportunidad para hacerla de juez a sabiendas de que mi sentencia sería recurrida por tres de ellos, los que no habían estudiado en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
—Lo que escucharán —dije consciente de que provocaría una controversia positiva para mí oficio— es la opinión de un periodista cuyo criterio se basa en la simple observación de lo que no se puede ocultar: la riqueza. Bueno también en la costumbre de leer, indagar y analizar aquello que suele esconderse en los entresijos de la festinada transparencia o cubrirse bajo el ropaje de los prestanombres.
Mis palabras lograron su objetivo. Cada uno de los académicos me miró como si yo fuese un pobre pendejo que se había atrevido a retar su paciencia y sabiduría. El silencio se prolongó pero ya incrementado con la carga de los cuestionamientos visuales, interrogatorio mudo que me obligó a decir sin ambages lo que pensaba.
—Antes de que opinen o me flagelen, permítanme argumentar la sentencia que acaban de escuchar —acoté aprovechándome de la sorpresa—. Durante varios años he visto crecer cultural y económicamente a los rectores de la Benemérita. Me consta que varios de ellos ingresaron al cargo con una modesta situación financiera y que cuando terminaron su gestión lo hicieron millonarios, además de políticamente poderosos. Es un llamémosle fenómeno que no ocurre en otras universidades donde los rectores son empleados de los dueños o socios de las instituciones de las cuales egresaron.
Ya no hubo careo y la reunión concluyó. Pudo haber sido una coincidencia dado que los interlocutores tenían que retirarse para cumplir con su agenda del día. O tal vez mi franqueza los molestó porque, en efecto, el éxito económico de sus compañeros universitarios no se comparaba con el de los rectores que durante el último cuarto de siglo manejaron el subsidio y los ingresos de la BUAP. Y también la obra civil. Y desde luego las empresas outsourcing contratadas ex profeso para atemperar desde la carga fiscal hasta el manejo financiero. Y la concesión que suele darse a los amigos dispuestos a fungir como testaferros. Y el manejo del efectivo que cual caudaloso río mana en ciertas épocas como si tratara de lavar las piedras. En fin…
Todo ello condujo a los universitarios de la “nueva ola” a mejorar la perspectiva de la institución poblana. En especial al maestro Alfonso Esparza Ortiz cuyo propósito, según lo arguye, se centra en convertir a la BUAP en la mejor universidad pública del país, idea que por cierto le escuché a Manuel Bartlett Díaz cuando éste fungía como gobernador del estado.
El Ave Fénix
“Haré de la de Puebla la mejor universidad de México”, me dijo Bartlett cuando le respondí alguno de sus cuestionamientos sobre mis críticas al entonces rector José Doger Corte. Después expuso sus razones y argumentos para tratar de desmasificar a la Benemérita, a partir del diagnóstico que mandó hacer y el Proyecto Fénix que su gobierno diseñó. “Le he pedido al rector que consienta a los jefes de línea”, soltó confiando en que el periodista captara su mensaje, propósito que tuvo éxito porque me di cuenta del repentino cambio de estatus económico en los directivos de la Universidad. Dicho lisa y llanamente: varios de ellos recibieron el espaldarazo financiero que les abrió el mundo de las finanzas y, en consecuencia, la puerta a los compromisos que suelen bordear los límites de la ley… y de la ética.
La Benemérita dio un giro hacia rumbos mucho más halagüeños y espectaculares. El hecho ocurrió sin que se frenara su inercia ideológica ni tratara de cambiarse el pensamiento crítico y popular que se formó después de varias intentonas gubernamentales destinadas a convertir a la institución en uno más de los tentáculos políticos de gobernantes chambones y obtusos. Por ventura la BUAP siguió su curso. Y ni Pepe Doger ni los Enrique (Doger Guerrero y Agüera Ibáñez) se atrevieron a alterarlo. Menos aún los gobernadores con los que los mencionados rectores negociaron (Manuel Bartlett Díaz, Melquiades Morales Flores y Mario Marín Torres). El Fénix y el Minerva detonaron el crecimiento académico, científico y cultural universitario. De ello dan cuenta los reconocimientos nacionales e internacionales que puso a la administración universitaria en los cuernos de la luna, ubicación desde la cual se construyó la “universidad del porvenir” basada —dice el rector Alfonso Esparza Ortiz— en la solidaridad, inclusión, innovación y su compromiso con la sociedad.
Nuevos aires contra viejos vicios
Han pasado los años y sigue vigente lo que dije en la reunión casual con los profesionistas variopintos, pero ahora con el siguiente agregado que acompaña a la bonanza financiera de sus directivos:
La revolución hizo justicia porque aumentaron los beneficios y las prestaciones que ya quisieran la mayor parte de los académicos de las universidades privadas. Junto con ello también se incrementó el nivel académico y los programas que, según pintan las cosas, lograrán más lauros para la Benemérita. Los nuevos aires podrían impedir la prevalencia de los viejos vicios. Empero, lo peligroso es que en esa nueva dinámica meta mano Rafael Moreno Valle, circunstancia que daría pábulo para que la Universidad se convierta en un botín político con las variables que promueve la corrupción, digamos que institucionalizada.
No cabe duda que Alfonso Esparza está frente a un gran reto: el crear alianzas estratégicas que detonen el desarrollo académico-institucional. Pero la suspicacia nos lleva a suponer que Moreno Valle querrá establecer dentro de la institución universitaria controles que le ayuden a cumplir con sus intenciones, la personal y la gubernamental, lo cual produce el ruido que no existe en la educación superior privada.
@replicaalex