martes, 25 de febrero de 2014

Las dos caras de Rafael Moreno Valle



Por Alejandro C. Manjarrez

No soy yo quien piensa,
son mis ideas las que piensan por mí.
Lamartine

Una:
Ya recorrió el país e incluso fue a Washington en representación de los gobernadores mexicanos.
Apareció en la escena de la República retratándose junto al Primer jefe de las Instituciones Nacionales.
Estuvo cerca y les sonrió a los tres jefes de Estado que en Toluca constituyeron la Cumbre de Norte América.
Ha sido, pues, de facto y de jure, algo así como el ajonjolí de todos los moles, privilegio que oficialmente concluye este mes de febrero pero que, sin embargo, él tratará de ampliar valiéndose de la interacción con los gobernadores estadounidenses, actividad inventada por él o por sus asesores.
La otra:
Después de tres años en el cargo, Rafael sigue sin tolerar ni entender a la prensa crítica de Puebla.
¿Por qué?

Para conocer sus razones tendríamos que meternos a indagar en lo que ocurrió allá en su íntima intimidad, laberinto donde quizás se encuentre escondida la justificación a lo injustificable.
Dada esa complejidad enmarañada, prefiero adoptar la idea de que Rafael es un gobernante distinto a la mayor parte de los últimos nueve mandatarios estatales. Y la explico con los siguientes argumentos, digamos que históricos:
Armonías y divergencias
Alfredo Toxqui Fernández de Lara, estableció una buena relación con la prensa local. Lo hizo, creo, para orientarse, informarse y eludir los errores que habían tumbado del cargo a sus dos colegas doctores: Rafael Moreno Valle y Gonzalo Bautista O’Farril. Su actitud y cultura permitió a los periodistas involucrarse con el trabajo de un gobierno empeñado en fortalecer la estabilidad social e impulsar el desarrollo cultural y económico de Puebla.
Guillermo Jiménez Morales robusteció la buena relación con la prensa. Y aunque antepuso la empatía basada en el “soy tu amigo luego entonces trátame como tal” (algo parecido aunque en las antípodas al “no te pago para que me pegues”), pudo convivir en paz con los periodistas, incluidos los críticos, que por cierto eran muy pocos.
Mariano Piña Olaya inició su gobierno igual que Moreno Valle Rosas: con distingos y menosprecio hacia los colegas de casa. Esto permitió a don Alberto Jiménez Morales, su asesor y operador político y financiero, intentar establecer controles que moderaran al periodismo que por aquellos días empezaba a manifestarse con la esencia crítica (o antigobiernista) impartida en las aulas de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.
Llegó al gobierno Manuel Bartlett Díaz y el periodismo repuntó a pesar de que la cultura política del gobernante provenía de mandatos federales represores o antagónicos del periodismo libre: Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo, De la Madrid y Salinas, ni más ni menos. Según mi apreciación, el inesperado cambio se debió a las aspiraciones de Bartlett, entre ellas la obtención de la primera magistratura de la nación. Necesitaba quitarse los sambenitos que le endilgaron o heredó. De ahí que escuchara, discutiera, entendiera y corrigiera lo corregible. Y por ello, supongo, hubo diálogo entre prensa y poder. Pero también se dieron las disputas que produce la ideologización del periodismo y del poder. Fue pues un sexenio digamos que interesante y formativo.
Melquiades Morales Flores es otro cantar: su apertura con la prensa lo convirtió en víctima del chacaleo y de las entrevistas banqueteras. Conocía a todos, y todos lo conocían. Sin habérselo propuesto daba la nota del día. Lo salvó su carácter y buena fe, no obstante que en su relación con la prensa no encajara con la excelencia política y profesional que exigían los nuevos tiempos.
Mario Plutarco Marín Torres, mejor conocido como el “Precioso”, pintó su raya desde el primer día de su gobierno. Quiso recuperar lo que José López Portillo estableció como condición y, palabras más palabras menos, le soltó a los dueños de medios de comunicación, que la propaganda del gobierno (léase convenios) sería para aquellos que no lo criticasen. Pero al fin político, Marín rectificó poco antes de que se le viniera el mundo encima, cuando se difundió la grabación de su affaire con Lydia Cacho y Kamel Nacif. Pasado este vendaval, Mario eludió las entrevistas porque, justificó su comunicador en turno, le pasó lo que a la mula azotada  con palos.
Genio y figura
Rafael Moreno Valle parece decidido a conservarse como enemigo de la prensa no oficialista. Al buscarle alguna similitud con sus antecesores, encontramos que podría estar de acuerdo con las actitudes de Piña Olaya, por ejemplo, y con el estilo refractario de Mario Marín. Nada que ver con Toxqui ni con Guillermo Jiménez, ambos buenos políticos. Tampoco con la sencillez y sensibilidad social de Melquiades Morales cuyos buenos oficios lograron borrar sus antecedentes electoreros. Menos aún con Manuel Bartlett Díaz, de los gobernadores de Puebla, el académicamente mejor preparado.
¿Cambiará el susodicho?
Es difícil precisarlo. Lo único que podría inducirlo es que se dé cuenta de la necesidad de quitarse etiquetas como la de Elba Esther Gordillo, por mencionar la tatuada. O que entienda que debe borrar de la memoria nacional sus valga el eufemismo importantes intervenciones electorales, las mismas que lo hicieron un gobernador con influencia y poder sobre los otros poderes. O que agarre la onda para que persuada al presidente Enrique Peña Nieto de que él, Moreno Valle, es un político demócrata y además un hombre convencido de que la inteligencia del pueblo no acepta atentados. Digo.

@replicaalex



domingo, 9 de febrero de 2014

Tony Gali, futuro mini gobernador



Por Alejandro C. Manjarrez
Gustavo Díaz Ordaz se manifestó en contra del dicho aquel que establece que los poblanos tenemos dos caras. Lo hizo al responder la pregunta del periodista que lo cuestionó recordándole esa sentencia producto del, a veces, malévolo ingenio popular.
¿Usted cree que si eso fuera cierto yo traería puesta la que ve?, se defendió el hombre de Chalchicomula.
Démosle pues el beneficio de la duda al ex presidente de México, empero, a cambio de ello pongámosle el “rostro demoniaco del poder” (Gerhard Ritter, dixit), máscara (ahora para él mortuoria) que suele aparecer colocada en casi todos los mandatarios vivos —y aquí parafraseo a Maquiavelo— que ven a sus gobernados como seres malvados… o tontos, en el mejor de los casos.
Camotilandia
Parto de lo que acaba de leer para dejar asentado que el gobernador de Puebla, NO tiene dos caras aunque de repente nos muestre su rostro demoniaco del poder. Y avalo este mi aserto mostrándole al lector lo que fue, es y sigue siendo el mañoso plan diseñado en beneficio de José Antonio Gali Fayad, estrategia que incluye —por qué no decirlo— la gubernatura de Puebla, tamal que desde hace tres años se preparó basándose en que uno le demostró al otro su disposición a jugársela con él, actitud que incluyó alguna de las variables (financieras o promocionales) comunes en los procesos electorales.
“¡Fuera máscaras!”, pudo haber sido la consigna entre amigos. De ahí la profusa promoción que el otro hizo del uno valiéndose de vistosos espectaculares y de enfáticas expresiones surgidas de la propia voz del poder, dichos y hechos que pusieron a Tony en los cuernos de la luna. Por ello la referencia a la definición de Ritter, frase apuntada líneas arriba: “el rostro demoniaco del poder”.
Abundo, machaco y recalco en la tesis referida valiéndome de tres de los movimientos de la gran estrategia gubernamental, aromatizada —agregaría Nezahualcóyotl pensando en el pájaro de las cuatrocientas voces— con el enervante perfume del poder:
1. Marcelo García Almaguer
¿Por qué el mandatario se desliga (eufemismo necesario) de su amigo Chelo, cómplice, publicista personal, cofrade y miembro honorario de la familia Moreno Valle?
La respuesta es simple: lo mandó a preparar el otro tamal, el del 2018, ubicándolo en el espacio público donde prevalecerá cuatro años ocho meses, primero como comunicador oficial del carismático presidente municipal (es un hecho), y después manejándole a su brother (esta es una suposición basada en la obviedad) el prolegómeno mediático al relevo de Enrique Peña Nieto.
Aparte de ello, las características naturales del buen Tony obligaron a su paradigma (léase Rafa) a establecer un método de control para que la simpatía personal (o ambición) no aleje al primero del segundo. Esto es, hay que cuidar que Gali eluda la tentación de irse por la libre para tapar su cara con el antifaz demoniaco, precisamente.
2. Los conscriptos de Rafa
Con el fin de fortalecer y garantizar lo que podríamos llamar marcaje personal, se diseñó y puso a funcionar la segunda parte de la estrategia Rafa-Gali-Chelo: el control del Congreso local. Se trata de un excelente candado a las ambiciones personales que suelen aparecer en la cabeza de los hombres carismáticos y pudientes, sobre todo en aquellos que tienen facilidad para los negocios. En este ámbito fueron colocados como legisladores (disculpe mi segundo eufemismo) los hombres y mujeres del gobernador. Diría el clásico de Camotilandia: Jorge Aguilar Chedraui cierra la pinza que, casualmente, por culpa de la ética demostrada por Fernando Manzanilla Prieto, ahora le disputa Eukid Castañón, el honorable portador (perdón por el sarcasmo) del temido garrote morenovallista.
3. El carnaval
Para que el final de esta mascarada no siga la tradición del Rosario de Amozoc, se hizo necesario sacar a relucir algunas caretas más, sobre todo las policromadas y festivas. Así apareció en la escena mediática el figurín Cabalán Macari Álvaro, de ilustre prosapia yucateca. Según mi modesta apreciación, la aparición en los medios de comunicación del comodín sexenal, obedece a una estrategia distractora parecida, por cierto, a las fiestas carnestolendas, como la de Huejotzingo por ejemplo: unos bailan mientras que los otros disparan sus mosquetones. Todo ello para divertir, asustar y sorprender al respetable.
Se preguntará el lector suspicaz sobre el atrevimiento del columnista para suponer que el próximo mini gobernador será aquel que designe y apoye el poderoso mandatario de Puebla, mismo que hoy porta, insisto, “el demoniaco rostro del poder”.
Por aquello de las dudas respondo:
La razón de mis aseveraciones se basa en los hechos que establecen que Rafael Moreno Valle ha sido claro. Su proceder no deja lugar para otras conjeturas porque ese espacio se redujo desde el día en que Tony Gali Fayad recibió el riesgoso espaldarazo político-preelectoral, cuyos efectos y estrategias prevalecieron durante el proceso que, como a todos consta, contó con el apoyo de la parafernalia morenovallista y de una que otra estratagema, digamos que criminal. De ello escribiré en la próxima columna.

@replicaalex


lunes, 3 de febrero de 2014

Las sombras de Moreno Valle



Por Alejandro C. Manjarrez
Ni modo: como Rafael Moreno Valle es la estrella del gobierno poblano colocado ya en la orilla del tobogán, resulta obligado escribir sobre lo que le depara el futuro, que por cierto se parece a las fotografías blanco y negro de alto contraste. Esto porque su resplandor ha formado las enormes sombras que lo persiguen. Veamos algunas:
1. Después de promulgadas las reformas constitucionales, bajó la presión que durante un año condujo el comportamiento y hasta los gestos de Enrique Peña Nieto. Hoy el Presidente de México está más suelto, relajado y metido de lleno en el ejercicio del poder republicano, reacomodo que incluye el control de las instituciones. Esto le ha restado importancia a la condición de mediador que los gobernadores delegaron en Moreno Valle, cuando el Pacto por México era el eje fundamental de la política nacional. Por ello el poblano pasará a ser es un integrante más de la Conago, con una obligación para él excepcional e incluso frustrante: la prudencia, actitud que lo exhorta a evitar los excesos del poder, incluidos los mediáticos.
2. En lo que es el inicio del presidencialismo renovado, el PRI habrá de comportarse como partido en el poder: además de repercutir y promocionar los actos del Presidente Peña, la dirigencia nacional necesita demostrar que la democracia no es concesión ni gracia de los gobernadores, incluidos los priistas. De ahí que el gobierno de Puebla esté en la mira de los hombres del Presidente debido a que cinco de los partidos actúan de acuerdo con las instrucciones de Rafael Moreno Valle
3. Una vez promulgada la Reforma Política e instalada la estructura del Instituto Nacional Electoral, los consejeros del IEEP pasarán a mejor vida burocrática; es decir, Moreno Valle perderá el control de las elecciones y, por ende, de los cinco membretes partidistas que dependen de él o de su gobierno, que es lo mismo. Seguir metiendo mano en los procesos político-electorales, lo pondría en el umbral de las denuncias que conocerá la Fiscalía de la Nación. Dicho lisa y llanamente: de persistir la manipulación en esta área, el mandatario no podría escapar a las imputaciones que lo ubicarían como presunto delincuente electoral.
4. Es prácticamente imposible pero Rafael tendrá que borrar de los anales el hito histórico que forma la mayoría de los diputados locales (o sea el Congreso poblano, casi en pleno): son y seguramente seguirán siendo sus empleados y operadores políticos. Lo curioso es que estamos ante un fenómeno de origen priista (de la vieja estirpe) que, de persistir, sería señalado y combatido por el nuevo PRI. Pero si acaso la nueva dirigencia estatal priista se negara a cumplir esta digamos que obligación ética, avalaría aquello de que siguen siendo comparsas del morenovallismo. Y esto daría el tiro de gracia al PRI poblano. ¡Vaya sombra!
5. El factor Elba Esther Gordillo conservará su condición de lastre del mandatario estatal poblano. He aquí las razones:
Si partimos de la postulación al senado y rematamos con el apoyo logístico electoral que causó la derrota del PRI en el estado de Puebla, tenemos que concluir que Moreno Valle le debe la gubernatura a la Maestra, referencia que habrá de prevalecer en el cerebro político de Enrique Peña Nieto. Recordemos que por ella el PAN ganó la presidencia de la República y que gracias a ella el PRI se resquebrajó para perder desde elecciones hasta militantes además de presencia nacional. Aquel es pues un agravio que le fue cobrado en parte a doña Elba. Empero, como reza el corrido popular que sirvió de epígrafe a El Llano en llamas de Juan Rulfo: “Ya mataron a la perra, pero quedan los perritos...”
6. Y sí, como escribió Rulfo, “el viento que (sopla) desde abajo nos trajo un tumulto de voces amontonadas, haciendo un ruido igual al que hace el agua crecida cuando rueda sobre los pedregales”. Son las señales captadas en las páginas de la prensa libre que, paradójicamente, resultó impulsada por la actitud refractaria del mandatario poblano. Ya lo sabe el lector pero vale la pena repetirlo: con su dedo flamígero, Moreno Valle trazó la línea que separa la elegía mediática de la ética periodística. Y esto me lleva al siguiente punto:
7. La prensa auténtica seguirá atenta a las acciones del gobierno de Puebla y su gobernador. En una de esas hasta podría descubrir los vínculos de funcionarios con los empresarios que han hecho muy buenos negocios en Puebla, operaciones basadas en la información privilegiada. Por ejemplo: la infraestructura comercial de San José Chiapa que inició su construcción en los terrenos adquiridos antes del aviso oficial sobre la determinación de la empresa Audi, decisión relativa a asentarse en Puebla. O los beneficios etiquetados y derivados de la privatización y contratación de empresas extranjeras convenientes para el poder político estatal. Y qué decir de los Proyectos para la Prestación de Servicios (PPS)…
En fin, lo bueno de estos cambios, encuentros, divergencias y reencuentros está en que el gobierno rescató del ostracismo a varios periodistas que habían olvidado que el nuestro es un oficio de crítica y no de elogios para quienes tienen la obligación de administrar el dinero del pueblo con honestidad y ética pública. Y que conste que no lo hizo de manera consciente sino casual. Y aquí concluyo con el siguiente y breve punto:
8. Por todo lo dicho renglones arriba, la prensa libre seguirá fortaleciéndose, circunstancia que hará las veces de parteaguas a la política de Puebla. Y ¡guay de aquel que la menosprecie o ataque!, diría el poblano Luis Cabrera Lobato.

@replicaalex

 

domingo, 26 de enero de 2014

Los moldes del PAN y del PRI


 

Por Alejandro C. Manjarrez

¿Hay alguna diferencia entre el PRI de antaño con el multipartidismo morenovallista?

No. Aquel fue un organismo controlado por el poder gubernamental. Y éstos (PAN, Compromiso por Puebla, Panal, PRD y Movimiento Ciudadano) actúan y se mueven de acuerdo con los hilos de la cruceta manejada por el mandatario poblano (conste que no dije titiritero).
El viejo PRI transitó por los floridos caminos de la complacencia gubernamental. Y ahora los nuevos partidos flotan y navegan en las aguas cuyo manantial nace en el cerro de Los Fuertes, para ser preciso dentro del bunker morenovallista.
Uso la memoria y la imaginación para relatar dos de las anécdotas que forman el cuadro variopinto que acaba usted de leer. Una real y la otra imaginada (adelante explico la razón de la llamémosle “fantasía”).
Primero la del PRI estatal, hecho ocurrido durante la segunda mitad del siglo pasado:
—Don Sacramento Jofre: tengo instrucciones de convencerlo para que usted sea el suplente de Esteban Rangel Alvarado, candidato del señor Presidente —dijo el delegado nacional del CEN del PRI.
¡No señor Delegado! —Respondió el líder agrarista con el gesto de la molestia tatuado en el rostro—. Nunca seré suplendejo de nadie. Me opongo a dejar este mundo con el morrillo ése que se forma cuando se vive con la cerviz inclinada.
—Es que el Presidente tiene especial interés en…
— ¡Pues dígale que no acepto, chingao! —Interrumpió Jofre ya medio molesto.
—Entonces deme una solución; ¿a quién nombramos suplente? —condescendió el delegado.
Don Sacramento lo pensó cinco segundos y encontró la brillante solución: — ¡Ya sé! Que sea Pachequito, mi chofer…
—De acuerdo don Sacramento —dijo el enviado del PRI—. Entonces dígale que cuanto antes me traiga sus documentos, los que tenga. Si falta algo nosotros lo resolvemos.
El candidato Rangel Alvarado hizo su campaña y de vez en cuando lo acompañó el chofer de Jofre. A los pocos días de haber protestado como diputado federal, Esteban, amigo y paisano de Díaz Ordaz, falleció y Pachequito ocupó el curul para hacer que esa etapa de su vida legislativa (eufemismo necesario) quedara plasmada en las fotos del álbum que durante el resto de su existencia mostró con el orgullo y la satisfacción que le produjo aparecer retratado junto al Presidente de la República.
Ahora paso a relatar mi invento basado en la actitud de Fernando Manzanilla quien, como el lector sabe, se negó a protestar como diputado local:
— ¿Ya te enteraste de la decisión de tu cuñado?
—Sí, cabrón —respondió el Jefe máximo de las instituciones camoteras.
—Hay que desactivar la bomba —sugirió el manejador de su imagen.
—Te escucho —soltó seco el elevado interlocutor.
—Quitémosle fuerza publicitando el mal de su esposa…
— ¡Es mi hermana, no jodas!
—Pero no tiene nada de malo. Al contrario, te hará ver solidario y comprensivo.
El ambiente palaciego se llenó con el resuello del poderoso político. Segundos después se escuchó la voz procedente del diafragma Ejecutivo.
—Prepáralo. Usa los medios afines —fue la orden contundente.
—Una entrevista, ¿te parece? —sugirió el cómplice eterno.
— ¡Va!
Y fue.
Ocurrió lo que ya sabemos: se bajó el tono de la noticia que había impactado a los hombres del gobernador, incluido éste desde luego. Empero, surgió otro pequeño problema: ¿cómo diablos llenar el espacio que dejó Fernando?
Vuelvo a conjeturar basándome en que el mío es un ejercicio válido mientras que la Gran Muralla sólo esté abierta para los afines al mandarín.
—Contralor: te vas de diputado. No hay de otra mientras encontramos la forma para que sigas operando los temas oficiales. Eres el suplente, ¿o no? —esta última frase arrancó la cautivadora sonrisa del mandatario.
—Lo que tú mandes. ¿Y el líder, cuál será mi relación con él?
—El líder soy yo. ¿Ya se te olvidó?
—No Señor, claro que no. Lo menciono porque la prensa nos va a joder.
—Pues diles que serás otro diputado más, hombre. Así de sencillo. Ponte el chip. Jorgito ya sabe lo que debe decir y cómo decirlo. Así que no te preocupes…
—Pero hay temas pendientes…
—Síguelos. Nada más sé discreto como siempre lo has sido. Regresarás a mi lado cuando se acomoden las calabazas, como dice tu padrino Melquiades.
Fin de la suposición.
¿Hay alguna diferencia entre el viejo PRI y la modernidad que rodea al gobernante del estado?
No.
Aunque son del mismo molde, la diferencia notable en Puebla, es que el Gobernador está afiliado a un partido distinto al del Presidente de México, un hombre obligado a legitimar al “nuevo PRI” convirtiéndolo en la alternativa para la gran mayoría de ciudadanos que repudian la manipulación del poder.
¡Vaya compromiso para aquel que releve en la presidencia del PRI estatal a Pablo Fernández del Campo! De ello  escribiré en la próxima columna.
@replicaalex

martes, 21 de enero de 2014

La dignidad del cuñado de Moreno Valle


 

Por Alejandro C. Manjarrez

Para Rafael Moreno Valle, Fernando Manzanilla Prieto fue algo así como su Daimon socrático o la influyente Sombra con la que, por ejemplo, dialogaba sor Juana Inés de la Cruz. Valiéndose de una razonada moderación basada en el aserto, Fernando solía ayudar a Rafael para que éste se alejara de la tentación que representa el sentirse dueño de la verdad absoluta. De ahí que el respeto entre ambos persistiera mientras que uno escuchaba al otro y éste hacía acopio de la paciencia, el mejor de los frutos del frondoso árbol de la amistad.

Como suele ocurrir en las relaciones humanas, el vínculo entre los dos amigos funcionó con algunos altibajos: Rafael quería tener éxito en su proyecto político personal. Y Fernando estaba entusiasmado ante la posibilidad que le permitió poner en práctica las teorías que había escuchado en las aulas de Harvard y en las conversaciones con sus maestros, algunos idealistas y otros imbuidos del pragmatismo que domina al mundo, digamos que civilizado. Rafa era, pues, el individuo perfecto para consolidar el proyecto que Fer pudo haber vislumbrado cuando sirvió en las filas del ejército colosista, propósito que fue momentáneamente interrumpido con el crimen de Luis Donaldo Colosio Murrieta.

Así, los dos llegaron a Puebla: Moreno Valle como secretario de Finanzas y Desarrollo Social, y Manzanilla Prieto en funciones de mano derecha y operador político de Rafael. La relación se mantuvo mientras la paciencia que menciono arriba resistió el embate de los vendavales provocados por el carácter (algunos le llaman perfeccionismo) del hoy mandatario. Uno de esos temporales, quizás el peor de aquellos años, produjo la primera diferencia que trascendió a la opinión pública, precisamente cuando Manzanilla dejó el cargo de sub secretario. Su dignidad, dicen, había sido golpeada, no por un celularazo, sino por la altisonancia combinada con las actitudes que tensan o rompen los lazos de la amistad.

Manzanilla decidió huir del ámbito rafaeliano y puso un océano de por medio: emigró a España para disfrutar de la felicidad que produce la cultura europea sazonada con buenos vinos y excelente comida. Y allá estuvo hasta que su amigo Rafael lo convenció para que lo ayudara a buscar la candidatura del PRI, posición que a final de las cuentas demoscópicas le ganó Mario Marín Torres. Además de regenerar la amistad, el fracaso político les pico la cresta obligándolos a elaborar el plan “B” basado en la obtención del escaño senatorial, plataforma natural hacia la gubernatura. Y ésta se dio gracias a la extorsión electoral de Elba Esther Gordillo Morales.

El currículo de Manzanilla incluyó la coordinación de la campaña que llevó al triunfo a Moreno Valle. Felices días aquellos donde el tanque de cerebros (también coordinado por Fernando y apuntalado por Luis Maldonado Venegas) diseñó los programas que al final del día cambiaron las leyes y la Constitución y las reglas del juego y hasta el modo de ser y andar de la otrora llamada clase política. Intuyo que en esos excesos pudo haberse escuchado la prudente y conciliadora voz del primer titular de la Secretaría General de Gobierno, un hombre cuya preparación lo alertó del peligro que implicaba el despacharse con la cuchara grande. Es obvio que no le hicieron caso. Y salta a la vista que esos desencuentros le obligaron a otear hacia otros horizontes.

El aspirar a un cargo de elección popular fue la puerta para salir del gobierno sin alterar el parentesco político que se consolidó con el matrimonio del amigo con la hermana. En esas estaba cuando apareció un asqueroso gorgojo en el platillo: el Gobernador decidió que el Secretario de Finanzas (su operador financiero) coordinara el trabajo del Segundo Informe, actividad que por ley le correspondía al titular de la Secretaría General de Gobierno. El golpe burocrático indujo a Fernando a irse de vacaciones hasta el continente africano, donde los gruñidos de los leones y los gritos de las hienas habrían de hacerle olvidar tamaña ofensa. Y de allá, curado de espanto y en paz consigo mismo, regresó poco antes de la ceremonia protocolaria, dispuesto, creo, a dejar el cargo. En el ínterin pudo haber escuchado las promesas que lo mantuvieron animado y popularmente activo hasta que descubrió el engaño. Una: serás presidente municipal. Otra: coordinarás a la mayoría legislativa.

Vino el relevo y entregó la Secretaría a Luis Maldonado, su amigo y puede ser que hasta maestro en las materias Dignidad 1 y 2. El mandatario lo incluyó en la lista de plurinominales a la diputación local y además le pidió coordinar la campaña de Antonio Gali Fayad, posición en la cual tuvo que dar un manotazo en la mesa cuando los vástagos del candidato se pasaron por el arco del triunfo sus instrucciones y recomendaciones. Los dejó solos y sobrevino el desmadre que puso a Tony en la picota mediática. Además desapareció de la escena pública hasta que los gritos de auxilio se escucharon en la playa donde se asoleaba la panza. Alguien, supongo que el gobernador, le pidió que regresara. Por ello ocurrió el extraño y gran recibimiento prodigado por el equipo de campaña, precisamente el día en que arribó al aeropuerto de Huejotzingo.

Ganó Gali y Fernando aumentó las líneas positivas de sus hojas curriculares. También encabezó y coordinó las acciones de la transición municipal hasta que sorprendió a la comunidad al rechazar el dudoso honor de ser un diputado más, subordinado de quien antes había sido su empleado y alumno al cual, por cierto, tuvo que salvar del escarnio público y del cese ordenado por el entonces gobernador Melquiades Morales Flores. En pocas palabras dijo que ahí no encontraría la felicidad que anhela.

Esta es, pues, la faceta política de Fernando Manzanilla Prieto, cónyuge de la hermana de Rafael Moreno Valle Rosas.

Concluyo con una suposición sobre lo que pudo haber dicho Fer a Rafa. Para ello recurro a un clásico e imagino las palabras así como su mensaje de despedida:

No eches en saco roto la sabiduría de Aristóteles. Adóptala y no experimentarás temor alguno. Como dijo el sabio: sólo sienten miedo aquellos que juzgan probable que algo les pase. Los hombres no piensan así cuando se encuentran o creen hallarse en el centro de la prosperidad y, en consecuencia, suelen mostrarse insolentes, desdeñosos y temerarios. Pero si conocen la angustia de la incertidumbre que en tu caso representa el gobierno del PRI, tienes que procurar alguna esperanza de salvación, por exigua que ésta sea. Así que confía en ti mismo, en la información que tienes y en el poder que ejerces como gobernante. Pero por favor respeta al pueblo y dignifica el pacto social de la República. No menosprecies a los gobernados. A ellos te debes, no importa que sean ricos, pobres, letrados, desempleados, profesionistas, campesinos, indígenas, burócratas, obreros o periodistas… Sé feliz. Yo le seré porque ya no dependo de ti.


@replicaalex

domingo, 19 de enero de 2014

La cadena Moreno Valle



Por Alejandro C. Manjarrez

El pasado día 15 (día del III informe de Gobierno) ocurrió en Puebla lo que, tal vez, no volverá a repetirse en décadas y puede ser que hasta centurias: un ex gobernador maduro (Melquiades Morales Flores) apapachó a otro ex gobernador anciano (Rafael Moreno Valle) frente a quien fue política y genéticamente prohijado por ambos (Rafael Moreno Valle Rosas), los tres producto de la cadena de un poder injertado en la democracia mexicana.

La escena cuasi familiar me indujo a reproducir algunas líneas de mi libro: La Puebla variopinta, conspiración del poder, obra en proceso de impresión. Antes de hacerlo aclaro que esta parte del texto fue armada con los diálogos que me confió uno de los protagonistas, así como con las historias que escuché, algunas de ellas en voz de otro ex gobernador, Gonzalo Bautista O’Farril.
1969-1972
—Te tengo dos buenas noticias —le dijo el general y gobernador Moreno Valle a Melquiades Morales Flores, entonces su ex secretario privado—. Una: tu juventud te permitirá aspirar a ocupar la silla que hoy me pertenece; dependerás de tu trabajo y disciplina. Yo ya puse mi granito de arena para ayudarte a construir tu propio destino.
La sorpresa dejó mudo a Melquiades, silencio que el comprensivo doctor rompió al agregar:
—Toma este dinero para que lo repartas entre los diputados. A cada uno entrégale quince mil pesos; diles que se trata del apoyo que tú gestionaste para que se recuperen de los gastos que efectuaron durante su campaña. Esta acción te ayudará a mejorar tu relación con ellos. Ahora la segunda buena nueva: he decidido que tú seas el líder del Congreso.
Las palabras del gobernador sorprendieron a su colaborador. Al percibir la reacción el médico y general le hizo un gesto amistoso con la intención de obligarlo a hablar. Melquiades sólo alcanzó a articular un “gracias” entrecortado por el nudo de emociones atoradas en su garganta. En ese momento no lo supo. Empero, pasado el tiempo, entendió que así había iniciado el curso intensivo que incluyó el manejo de la emotividad, por cierto una de sus cualidades, la que más le ayudó para convencer a quienes ejercían el poder.
Tres meses después de aquel encuentro volvieron a reunirse el gobernador de Puebla y el ya Presidente de la Gran Comisión del Congreso local. Ese día el general y doctor Moreno Valle, le comunicó a Melquiades lo que ninguno de los dos pensó que ocurriría. El primero había cumplido tres años en el cargo y el segundo tenía tres meses en la diputación.
—Diputado —dijo el mandatario con un tono de voz triste—, aquí tienes mi renuncia. Hazla del conocimiento de tus compañeros. Es tu deber. Además toma nota que ahora sí deberás cuidarte solo ya que mañana abandono Puebla.
—Con todo respeto, señor Gobernador, no le acepto la renuncia —se arriesgó Melquiades impulsado por su lealtad—. Somos un estado libre y soberano y los poderes están con Usted sin importar de donde venga la orden.
—No, no. Espera —corrigió el general—. Aprecio tu gesto pero recuerda que soy un militar que obedece al presidente de México (Luis Echeverría). Además estoy enfermo. Así que anda ve y cumple con tu deber. No te preocupes por mí porque al fin podré disfrutar a mi nieto (Rafita) que pronto cumplirá cuatro años de edad.
Con la congoja clavada entre pecho y espalda, Melquiades tuvo que obedecer la instrucción y comunicar al Pleno del Congreso la renuncia de su hacedor. Más tarde dio posesión del cargo de gobernador interino al abogado Mario Mellado García. Y tres semanas después a Gonzalo Bautista O’Farril, el sustituto.
Pasaron varios meses y se repitió la historia: Melquiades recibió de Bautista la renuncia al cargo y enseguida tomó la protesta de ley a Guillermo Morales Blúmenkron, el cuarto gobernador de aquel accidentado sexenio en el que resultó determinante la participación de los universitarios y del periodismo local.
En tres años, la carrera política de Morales Flores se había enriquecido con muchas experiencias de tipo personal y público. Forjó su carácter entre los sustos y las decisiones políticas centrales. También supo que el poder es efímero y que por ello, cuando se ostenta, hay que formar, orientar e impulsar a quienes algún día corresponderán el favor, cuando menos con afecto. Esto permitió a Melquiades mantenerse vigente durante casi medio siglo, tiempo que hizo las veces de fragua. Nunca olvidó al General a quien siempre, de una u otra forma, le manifestó su agradecimiento, respeto y lealtad.
En alguna de las visitas amistosas de Melquiades al doctor Moreno Valle, encontró a su ex jefe físicamente repuesto y con el orgullo militar intacto. Lo admiró aún más. Seguramente se enterneció al verlo actuar en su condición de abuelo de Rafita… el heredero de la dinastía familiar. Como ocurre con los apegos y las ilusiones generacionales, el general Moreno Valle pudo haberle dicho a Morales Flores, que su nieto sería la prolongación de sus ideales, la consolidación de su proyecto político truncado por el resabio presidencial exacerbado por los errores de sus subordinados, fallas que, quizás por la enfermedad que padecía, no pudieron ser corregidas y solventadas.
Curso intensivo
La carrera pública de Melquiades Morales Flores, estuvo entrelazada con la de Rafael Moreno Valle Rosas. El abuelo fue el vínculo y el maestro que le enseñó que en política hay que sembrar para el futuro impulsando a jóvenes en cuyos valores esté presente la obligación de ser recíprocos con sus mentores políticos. Eso creo.
Tres décadas después, Melquiades encontró la oportunidad de corresponder a los favores. Lo hizo dándole cobertura política al nieto del General: complacido le brindó su calor político para, en primer término, mostrarle los vericuetos del poder, incluidos los efectos de las infidencias y traiciones entre pares. Pero…
Hasta aquí la cita.
El resto de la historia es harto conocida. Me refiero a cómo Melquiades hizo de lado su experiencia electoral al grado perder ante su adversario el nieto del General precisamente la elección de senador, hecho que ubicó a Rafael Moreno Valle Rosas en el umbral de la gubernatura.
Pero eso es historia.
En nuestro controvertido presente está la participación e influencia de Fernando Manzanilla Prieto en la vida pública de Rafael. De ahí que su decisión de abandonar el barco que ayudó a construir haya producido una severa crisis existencial en el mandatario poblano. De ello y un poco más tratará mi próxima columna.


@replicaalex



domingo, 12 de enero de 2014

¿Y la inteligencia crítica de la BUAP?




Por Alejandro C. Manjarrez

¡Tengo miedo, tengo miedo! Es el grito silencioso que reverbera entre las paredes de las oficinas públicas de Puebla.

Y sí, los funcionarios de primer nivel temen decir algo que moleste a su obligado paradigma. Por ello se volvieron autistas y desconfiados, además de prudentes, por no decir timoratos.

¡Tengo miedo, tengo miedo! Replican en confianza los comunicadores y columnistas cuya voz y pluma dibujan los cuadros más espléndidos del “cadáver exquisito”, creado con las diferentes expresiones de la burocracia estatal.

Tiemblan ante la posibilidad de formar parte del infierno ése que describen y ponderan los hombres cercanísimos al gobernador poblano.

¡Tengo miedo, tengo miedo! Se dicen mirándose al espejo los académicos de la universidad pública cooptados por el gran inquisidor del, por ahora, virrey angelopolitano.

La paranoia los apresó. Se les doblan las corvas al suponer que el pasado, antes motivo de orgullo, pueda revertírseles para que sean acusados de “guerrilleros ideológicos”, si no es que de funcionarios corruptos.

¡Tengo miedo, tengo miedo! Sueltan a los cuatro vientos los empresarios de casa que sufrieron el estiaje unilateralmente decretado por el dueño del presupuesto gubernamental cuyo operador es un vil racista financiero.

Presienten que el periodo de los tres años que faltan, podría prolongarse debido a la mini gubernatura diseñada por el poder político que, aquí entre nos, se ha despachado con la cuchara grande.

¡Tengo miedo, tengo miedo! Es el grito ahogado de los priistas cautivados por el canto de las sirenas, caricias verbales que los indujeron a dar el chaquetazo para congraciarse con los chaqueteros.

¡Tengo miedo, tengo miedo! Son las cuatro palabras del nuevo estridentismo poblano, frases cuyo eco reproduce cada uno de los cuatro gigantes que vigilan el Valle de Cuetlaxcoapan (lugar donde las víboras cambian de piel), ahora surcado por las naves que transportan al nuevo Quetzalcóatl.

(¿O no será Tezcatlipoca?)

En este grito, queja, alarido o exclamación se resumen los tres años del gobierno que unos, los menos, festejarán echando a volar las campanas de Catedral, y que otros, los más, aplaudirán debido a que inicia la cuenta regresiva. Lo curioso es que esas voces de pánico podrían acompañarse de otras, las que provendrán del diafragma de quienes vivirán en el “paraíso” hasta que el PRI-gobierno empiece a operar para adquirir el prestigio que obliga el ejercicio del poder republicano. Y entonces el ¡tengo miedo, tengo miedo!, rebotará entre el cielo y el averno poblanos donde moran aquellos que hicieron negocios con el dinero del pueblo; y los que se sometieron al dictado del poderoso en turno; y los que dieron por bueno todo, hasta las flatulencias verbales de su Jefe, el gran legislador.

Tengo miedo, tengo miedo… musitarán los que traicionaron sus principios, le voltearon la espalda a la ética pública, se entregaron al inquisidor, vomitaron elogios en líneas ágata, se empinaron para mostrar el culo, callaron asustados ante la posibilidad del celularazo o del cese fulminante, sonrieron en vez de reclamar las ofensas del poder, aplaudieron al despotismo no ilustrado, guardaron silencio ante las componendas políticas, y sudaron las calenturas del Gran Tatiaxca.

A final de cuentas el tengo miedo prevalecerá hasta que las cuentas cuadren, incluidas las que conforman los PPS, esquema financiero cuyo ropaje burocrático ha tratado de ocultar la deuda pública y/o endeudamiento voraz y desenfrenado.

¿Y la inteligencia crítica de la BUAP, el único contrapeso a los excesos del poder?

Ésa no tiene miedo y, así lo dicta la historia, pronto se hará escuchar, siempre y cuando, que conste, no tema al Torquemada del poder Ejecutivo.


@replicaalex